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Ciencias Naturales

¿El ocaso de las palmas de cera?

Por Habemus

Publicado el 23 de Septiembre de 2019.

Hoy, según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), la Palma de Cera de Quindío está catalogada como vulnerable. Pese a ello, la situación de Ceroxylon Quindiuense no es la más crítica entre las palmas de cera. Además, según la UICN, Ceroxylon Alpinum está en peligro de extinción. Pero, ¿cuáles son las razones?

Uno de los hallazgos de la expedición, que en 1801 emprendieron Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, tuvo lugar en el temido “Camino del Quindío”, un tramo nublado y de obligado paso para quienes, en aquel entonces, viajaban desde Bogotá hacia Quito. Allí, en ese peligroso camino, el dúo de biólogos europeos halló uno de los íconos de su exploración: la palma de cera.

En efecto, según los botánicos Gloría Galeano Garcés y Rodrigo Bernal González —investigadores de la Universidad Nacional de Colombia—, los registros históricos sugieren que la especie Ceroxylon alpinum fue descubierta por Humboldt y Bonpland.

Casi dos siglos más tarde, una gloria más llegó para este género de palmas: en 1985, por medio de la Ley 61, el Congreso de la República de Colombia declaró a la Palma de Cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) como el árbol nacional.

Pero, hoy, en Colombia, para el conjunto de 21 especies de palmas de cera que hacen parte del género Ceroxylon, no todo es felicidad y fama.

Un ejemplo de lo anterior está en la investigación que, en 2013, presentó María José Sanín Pérez: Estudios ecológicos y evolutivos en Ceroxylon (Palmae: Ceroxyloideae) —tesis doctoral de la Universidad Nacional de Colombia—. En este texto, Sanín afirmó que: «En vista de que Ceroxylon comprende doce especies y todas están amenazadas, los resultados de esta tesis se unificaron para fundar un marco de referencia sobre su conservación.»

En vista de que Ceroxylon comprende doce especies y todas están amenazadas, los resultados de esta tesis se unificaron para fundar un marco de referencia sobre su conservación.

Extraído de la tesis doctoral «Estudios ecológicos y evolutivos en Ceroxylon (Palmae: Ceroxyloideae) » de María José Sanín Pérez:

Pero, ¿por qué las palmas de cera, los árboles emblemáticos de Colombia, se encuentran en peligro?

Al igual que la mayoría de los miembros de su familia, las especies del género Ceroxylon son habitantes típicos del bosque primario, y solo se reproducen bajo las condiciones de sombra y humedad existentes en él. Entonces, cuando en los Andes el bosque es derribado, para establecer áreas de pastoreo o cultivos, las poblaciones de palmas de cera son severamente diezmadas.

Hoy, en un sinnúmero de investigaciones científicas, los biólogos han destacado la importancia ecológica de las palmas de cera, en especial, para las aves, una cuestión que ha hecho que algunos investigadores las postulen como especies clave, como lo hicieron Fabien Anthelme y colaboradores en su artículo How anthropogenic disturbances affect the resilience of a keystone palm tree in the threatened Andean cloud forest? —publicado en 2011 en Biological Conservation—.

Entre las aves que guardan una relación estrecha con las palmas del género Ceroxylon están: el Carriquí de Montaña (Cyanocorax yncas), el Tucancito Esmeralda (Aulacorhynchus prasinus), el Loro Coroniazul (Hapalopsittaca fuertesi) y, por último, la que quizá es el ave más célebre asociada con las palmas de cera, el Loro Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis).

Hoy, según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), la Palma de Cera de Quindío está catalogada como vulnerable. Pese a ello, la situación de C. quindiuense no es la más crítica entre las palmas de cera. Además, hoy, según la UICN, C. alpinum está en peligro de extinción.

Pese a ello, hoy, un puñado de bosques nublados de la Cordillera Central aún son el hogar para las palmas de cera en Colombia. Ellos están en: Toche, Anaime y Roncesvalles en Tolima, Salento en Quindío, San Félix en Caldas y Tenerife en el Valle del Cauca.

Hoy en Colombia, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MinAmbiente), la ganadería y la fragmentación del hábitat son las amenazas para las palmas de cera, pues, en los potreros, las especies florecen y fructifican regularmente pero no logran regenerarse ya que las plántulas no resisten la plena exposición solar y el pastoreo.

Un ejemplo de lo anterior se halla en el Bosque La Samaria, en San Félix (Caldas). Un lugar que, años atrás, fue uno de los bastiones de las palmas de cera y que, hoy, se encuentra deforestado por cuenta de la ganadería y la potrerización, como lo advirtió el MinAmbiente. De hecho, allí, el 20% de las palmas de cera que aún están en pie son senescentes —es decir, ya están en la vejez—.

Hoy en Colombia, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MinAmbiente), la ganadería y la fragmentación del hábitat son las amenazas para las palmas de cera.

Ante el desolador horizonte, en 2015 el MinAmbiente, apoyado en estudios de un grupo de investigación de la Universidad Nacional de Colombia, presentó el “Plan de conservación, manejo y uso sostenible de la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), árbol nacional de Colombia”. En este documento señalan una de las oportunidades para la conservación de la C. quindiuense: el turismo sostenible.

Sin embargo, en referencia al Valle de Cocora, en el texto advierten que en este lugar el turismo “ha crecido sin ninguna planeación y no ha tenido un papel relevante en la conservación de la especie, pues no se ha iniciado el reemplazo de las palmas que crecen en los potreros, la mayoría de las cuales desaparecerá en el transcurso del presente siglo sin dejar descendencia”.

Hoy, en lo que refiere a las palmas de cera, la esperanza de los conservacionistas reside en la cuenca del río Tochecito, en el corregimiento de Toche (Tolima). En su artículo “El lugar con más palmas de cera en el mundo está desprotegido” —publicado en marzo de 2018 en el diario El Tiempo—, la periodista Tatiana Pardo Ibarra señala que este montañoso paraje, que estuvo aislado durante décadas por el conflicto armado, guarda cerca de 600.000 palmas de cera —de las 700.000 que hay en Colombia— en una extensión de 4.500 hectáreas. Sin embargo, pese a su importancia ecológica, el área aún no está protegida.

Finalmente, la delicada situación que afrontan las palmas de cera en Colombia suscita un par de preguntas: en la creación de políticas públicas para la conservación de las palmas de cera, ¿han sido suficientes los esfuerzos del MinAmbiente y las corporaciones autónomas regionales? Además, ¿en Colombia, el sector turístico está trabajando en la creación de buenas prácticas para la conservación de especies botánicas estratégicas, como las que pertenecen al género Ceroxylon?