Cargando
Medio Ambiente

¿Cuál es la apuesta de Colombia por las energías renovables?

Por Redacción Habemus

Publicado el 20 de agosto de 2019. Actualizado el 18 de Febrero de 2020.

Hoy, las hidroeléctricas abastecen la mayor parte del consumo de energía eléctrica en Colombia, con un 66%. Ante la situación, ya, desde 2017, en una investigación, Juan Roberto Paredes y John J. Ramírez recomendaron diversificar, aún más, la matriz energética de la nación. Pero, ¿cómo va Colombia en la generación eléctrica a partir de energías renovables?

A través de los años, la energía ha sido catalogada como uno de los factores que inciden en el desarrollo económico de un país. Con el paso del tiempo esto se hace cada vez más evidente, pues los avances tecnológicos, la expansión industrial y el aumento de la población han incidido en el incremento de la demanda de energía. Así pues, cada Estado busca reducir su vulnerabilidad energética, en el mediano y el largo plazo, asunto que está íntimamente ligado con la política.

Pero, ¿qué está haciendo Colombia, en políticas públicas y en infraestructura, para aumentar su seguridad energética?

En principio, las fuentes de energía son: no renovables o renovables. Las primeras son aquellas que tienen una existencia finita, un ejemplo de ello son los hidrocarburos. Por otro lado, las segundas son aquellas generadas con base en recursos que se renuevan, entre ellas se encuentran, principalmente, el agua, el sol y el viento.

Pero, ¿qué está haciendo Colombia, en políticas públicas y en infraestructura, para aumentar su seguridad energética?

Sin embargo, la dependencia de recursos no renovables supone un riesgo para la seguridad energética, en cuanto los países que tienen un modelo cimentado en ellos están sujetos a la finitud de los hidrocarburos, el carbón, el gas natural o la energía nuclear. Además, hay que mencionar que la explotación de recursos no renovables tiene consecuencias negativas para el medio ambiente, tanto así que, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la energía representa el 60% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Así, en vista de complejo escenario, la inversión en tecnologías limpias tiene, cada vez, un mayor impacto en la política exterior y la economía.

En 2017, Simón Cortés y Adriana Arango Londoño, en su artículo científico “Energías renovables en Colombia: una aproximación desde la economía” —publicado en la Revista Ciencias Estratégicas—, señalaron que en el país las principales fuentes de generación energética son la hidráulica y la térmica, teniendo en cuenta una participación poco relevante de otras fuentes de energía. Según Cortés y Arango, el sistema colombiano es confiable y respetuoso con el medio ambiente, tal y como lo señaló el estudio de competitividad Choiseul Energy Index 2014, realizado por el instituto Choiseul en colaboración con Kpmg.


También, lea el artículo: «El fantasma de la crisis energética de 1992».


Pero, pese al alto desempeño del país en el Choiseul Energy Index, Colombia tiene alta dependencia de sus recursos hídricos. Ello supone un problema, pues en veranos intensos el sistema energético del país está en riesgo, ya que la energía hidráulica es insuficiente para satisfacer la demanda en temporadas de sequía, pues las centrales de energía térmica deben trabajar a su máxima capacidad.

En 2017, en la investigación “Energías renovables variables y su contribución a la seguridad energética: Complementariedad en Colombia” —publicada por el Banco Interamericano de Desarrollo—, los autores Juan Roberto Paredes y John J. Ramírez indicaron tres factores por los que Colombia debería incentivar la generación eléctrica a partir de energías renovables: la fragilidad ante el fenómeno de El Niño, la escasez de gas natural y la vulnerabilidad ante el cambio climático.

En efecto, ante las crisis energéticas de 1992 y 2016, el desabastecimiento en La Guajira y las frecuentes interrupciones eléctricas en Bolívar, una conclusión es que el país requiere diversificar, aún más, su matriz energética.

En marzo de 2019, durante el conversatorio de iNNpulsa Colombia realizado en Medellín, el presidente Iván Duque Márquez anunció la realización de la primera subasta pública de energías renovables. Poco después, tras la subasta energética, en una rueda de prensa, Duque Márquez afirmó que, «en tan solo 14 meses, vamos a multiplicar por 40 el número de capacidad instalada de energía» . Sin embargo, habría que preguntar: ¿Es una medida suficiente para garantizar la soberanía energética del país?

En efecto, ante las crisis energéticas de 1992 y 2016, el desabastecimiento en La Guajira y las frecuentes interrupciones eléctricas en Bolívar, una conclusión es que el país requiere diversificar, aún más, su matriz energética.

Aunque, es cierto que, en relación con otros países, la inmensa riqueza del recurso hídrico ubica a la nación en una posición ventajosa, quizá, en un par de décadas, la alta dependencia de la energía hidroeléctrica podría traer apuros a los colombianos.

A pesar de que, desde 2001, Colombia ha tomado medidas para integrar el uso de energías renovables a su política energética y de que, en 2015, Juan Manuel Santos Calderón firmó el Decreto 2143 para crear incentivos fiscales para promover la utilización de fuentes no convencionales de energía, ello no ha sido suficiente.

En efecto, según Paredes y Ramírez, las barreras existentes en la nación, que incluyen altos costos de inversión, elevada concentración del mercado de electricidad y una estructura de mercado basada en la energía hidroeléctrica, son los obstáculos que hoy frenan la inversión en fuentes no convencionales de energía.

Pese a lo anterior, hoy, en Colombia, la inversión en energías alternativas ha aumentado. Dos ejemplos de ello son: el Parque Eólico Jepírachi en La Guajira y Celsia Solar Yumbo —la primera granja de energía solar en el país—. Aunque, la apuesta por construir infraestructura energética con base en recursos renovables aún es baja, en el futuro las fuentes no convencionales de energía podrían ser la clave para dar a la población colombiana lo que para muchos es un sueño: la electricidad ininterrumpida.