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Medio Ambiente

El diésel, un combustible que deteriora el aire en América Latina

Por Redacción Habemus

Publicado el 10 de septiembre de 2019.

En América Latina, ¿quién no ha respirado el humo negro que muchos vehículos de transporte arrojan al aire?

En el escenario internacional hay muchas polémicas acerca de la continuidad de la fabricación de vehículos que funcionan con diésel. En algunos países se implementó la prohibición de que los automotores que marchen con diésel puedan transitar por vías públicas o, en otros casos, que los automotores que excedan cierto límite de emisiones contaminantes tampoco lo puedan hacer.

Existen varios elementos que inciden en la controversia de si los vehículos que utilizan diésel deben o no seguir transitando por vías públicas. Entre otros, los principales factores que surgen en este conflicto son: el derecho que tienen los propietarios de los vehículos que funcionan con diésel a usarlos, gozarlos y disfrutarlos; los intereses económicos de las empresas transnacionales, en general, el sector de los hidrocarburos y las grandes compañías que fabrican automotores; y, por otro lado, el derecho a un medio ambiente sano, que se opone a los elementos enunciados anteriormente, toda vez que los motores que funcionan con diésel generan emisiones que deterioran el aire y afectan la salud de las personas.

En el video “Y de la gasolina queda poco”—entrevista de Dinero, publicada en marzo de 2015—, Álvaro Younes Arboleda —presidente de Fedispetrol— afirmó que “cada año, en Colombia, se venden al menos 1.350 millones de galones de gasolina […] y, de diésel, un poco más de 2.000 millones de galones”. Ello quiere decir que, en Colombia, el diésel —también conocido como ACPM— es el combustible más consumido. Un hecho paradójico, pues en la actualidad está siendo restringido en la Unión Europea.

Ello quiere decir que, en Colombia, el diésel —también conocido como ACPM— es el combustible más consumido. Un hecho paradójico, pues en la actualidad está siendo restringido en la Unión Europea.

Un ejemplo de lo anterior está reseñado en el artículo “Cada vez menos diésel en Alemania y más en Colombia” —publicado en noviembre de 2018 en la revista Semana—. Allí, el medio de comunicación alemán Deutsche Welle —autor del texto— citó los casos de Colonia y Bonn, en Alemania, dos ciudades en las que los tribunales prohibieron la circulación de los antiguos automotores que funcionaban con diésel, ya que la justicia alemana decidió darle más importancia al derecho que la comunidad tiene a gozar de un medio ambiente sano que a los derechos del uso, goce y disfrute que los propietarios tienen por regla general sobre sus bienes.

Es clave resaltar que las decisiones de los tribunales germanos estuvieron basadas en la prevalencia del interés general sobre el interés particular. Sin embargo, hay dolientes en cualquier decisión judicial que resuelva una tensión entre derechos. En el caso del Estado alemán, los perjudicados fueron los propietarios de vehículos que funcionaban con diésel, ya sea porque era su medio de transporte o porque su medio de subsistencia estaba ligado a la actividad de su automotor.

Ahora bien, ante las altas cifras de consumo de diésel en Colombia, Habemus quiso indagar sobre el impacto que su uso masivo causa en los ecosistemas y en la salud pública. Para ello, consultamos a Jorge Andrés Escobar Castaño, egresado de Geología y Minas de la Universidad de Caldas.

Escobar indicó que, si bien los vehículos que usan diésel consumen menos combustible que los que operan con gasolina, no obstante, causan hasta cuatro veces más contaminación atmosférica. ¿La razón? Estos motores emiten niveles muy elevados de benceno, arsénico, dióxido de nitrógeno (NO2) y partículas en suspensión, resaltando que los dos últimos se consideran los principales contaminantes del aire.

Con respecto a las partículas en suspensión, Escobar indicó que son todas las partículas sólidas y líquidas que se encuentran suspendidas en el aire, la mayor parte de las cuales suponen un peligro. Esta compleja mezcla contiene, entre otros, polvo, polen, hollín, humo y pequeñas gotas. En grandes urbes, estas partículas son las encargadas, junto con el NO2, del color marrón o gris del aire, y poseen una gran variedad de tamaños, desde grueso hasta ultrafino. Específicamente, las partículas ultrafinas son las más nocivas para la salud, pues enferman el aparato respiratorio y el sistema cardiovascular.

Al respecto, en su artículo “¿Las partículas ultrafinas son un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares?”, publicado en 2011 en la Revista Española de Cardiología, el investigador venezolano Jesús Araujo —director de Cardiología Medioambiental de la Escuela de Medicina David Geffen de la Universidad de California— señaló que: “la exposición aguda a PM [material particulado] se ha asociado al desencadenamiento de infarto agudo de miocardio, la descarga de desfibriladores automáticos implantables, hospitalizaciones por ictus isquémico e insuficiencia cardiaca congestiva descompensada”.

Por otra parte, en su estudio “Grupos electrógenos y su impacto ambiental”, publicado en 2007 en la revista Higiene y Sanidad Ambiental, Miriam Martínez Varona y colaboradores —investigadores del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología, de Cuba— señalaron: “Los motores de combustión interna [que usan diésel] tienen gran responsabilidad en los niveles de emisión de sustancias que provocan el efecto invernadero, fundamentalmente del dióxido de carbono y los óxidos nitrosos”.

“Los motores de combustión interna [que usan diésel] tienen gran responsabilidad en los niveles de emisión de sustancias que provocan el efecto invernadero, fundamentalmente del dióxido de carbono y los óxidos nitrosos”.

“Grupos electrógenos y su impacto ambiental”, Miriam Martínez Varona y colaboradores.

Según Martínez y colaboradores: “De acuerdo con estimaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos; de mantenerse las actuales tendencias en las emisiones de gases del efecto invernadero, la temperatura media global aumentaría a un ritmo de 0,3°C por década. Consecuentemente, se producirán incrementos en el nivel del mar que pudiera ser de alrededor de 1 m para el año 2100”. Además, estos motores emiten gran concentración de NO2 al ambiente.

Finalmente, la incompatibilidad entre el uso masivo de vehículos que funcionan con diésel, la sostenibilidad ambiental y la salud pública, nos condujo a un interrogante: ¿Por qué en el contexto latinoamericano no han surgido limitaciones al uso del diésel?