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Medio Ambiente

El turismo en los Parques Nacionales Naturales de Colombia, ¿una amenaza?

Por Habemus

Publicado el 14 de Noviembre de 2019.

En enero de 2019, escandalizados, los usuarios de las redes sociales manifestaron su contrariedad ante la decisión de Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNNC) de cerrar, por un periodo de un mes, el Tayrona, en Santa Marta.

Además, esa decisión causó extrañeza pues, el cierre anunciado, implicaba bloquear un lugar de alta afluencia de visitantes, lo cual afectaría la economía de personas que laboran en el sector turístico. La periodista Ángela Palacios, en su artículo “¿Es suficiente cerrar el Tayrona por un mes para darle un respiro?” —publicado en febrero de 2019 en Semana Rural—, anotó: “En los primeros días del 2019 llegaron al parque 71.245 visitantes, una cifra histórica para la reserva natural, que en 2018 recibió un total de 446.299”.

Pero, ¿por qué PNNC anunció el cierre temporal del Parque Nacional Natural Tayrona, en un periodo donde esta reserva natural estaba en una de sus mejores rachas en la recepción de turistas?

Entre los argumentos para sustentar la decisión, PNNC sostuvo que el Tayrona urgía de una pausa para que recuperara sus ecosistemas. Es decir, el cierre propicia una restauración ecológica.

En el Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible precisa que la restauración ecológica posibilita regresar un ecosistema a una condición similar a como se encontraba antes de la degradación.

Además, en su artículo “Restauración ecológica: biodiversidad y conservación” —publicado en 2011 en la revista Acta Biológica Colombiana—, el investigador Orlando Vargas Ríos señaló que, previo a la creación de una estrategia de restauración ecológica, es necesario identificar los disturbios antrópicos, es decir, las actividades humanas que propician la degradación del ecosistema, tales como: la deforestación, los cultivos ilícitos, la potrerización y la minería.

Hoy, se adelanta una acción de restauración ecológica en el Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes, en Santander. En esta área protegida, la empresa ISAGEN financió un programa de compensación forestal asociada al Proyecto Hidroeléctrico Sogamoso. Allí, hasta el momento, han creado más de una decena de viveros y han logrado la recuperación activa de 323 hectáreas.

Sin embargo, para algunos parques nacionales naturales, quizá, uno de los disturbios antrópicos más críticos es el turismo masivo.

En efecto, cuatro años atrás, los pueblos cercanos a El Cocuy —en Santander— sufrieron terribles vicisitudes económicas a causa del cierre del área protegida. ¿La razón? Una exigencia promulgada en la Resolución 0401 de 2016. En ella, PNNC resolvió, tras una protesta de la comunidad indígena U’wa, prohibir temporalmente el ingreso de visitantes hasta evaluar el impacto de la actividad turística sobre los ecosistemas de la Sierra Nevada de El Cocuy.

Además, meses atrás ocurrió otro hecho lamentable que impide la visita de amantes de la naturaleza a lugares paradisiacos. Con la Resolución 0143, PNNC cerró el sector Bahía Concha, en el Tayrona. Pero, ¿cuál fue la razón? Un monitoreo técnico determinó que los graves impactos ambientales en esta zona, como la tala de árboles, la inadecuada disposición de residuos y la remoción de material de arrastre, han sido la génesis de procesos erosivos y de fragmentación del hábitat.

Pero, el Tayrona no es la única área protegida que ha sufrido una intensa degradación ambiental por cuenta del ingreso masivo de visitantes.

Un monitoreo técnico determinó que los graves impactos ambientales en esta zona, como la tala de árboles, la inadecuada disposición de residuos y la remoción de material de arrastre, han sido la génesis de procesos erosivos y de fragmentación del hábitat.

En 2017, tras un análisis de impacto ambiental en el sector Playa Blanca —que hace parte del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo—, PNNC indicó que allí los disturbios más perjudiciales son: las actividades náuticas, el vertimiento de residuos sólidos y la alta densidad de infraestructuras.

Así, los graves impactos que el turismo masivo ha provocado en un par de ecosistemas estratégicos, como el Tayrona y Corales del Rosario y de San Bernardo, cuestionan los avances del turismo sostenible en Colombia, y piden a gritos la construcción de un horizonte ético para la industria turística, que esté en pro de la conservación del patrimonio natural y cultural.

Finalmente, queda un interrogante: ¿En Colombia, el sector turístico está trabajando en la creación de buenas prácticas para la conservación de ecosistemas estratégicos, en especial, aquellos cercanos a los Parques Nacionales Naturales de Colombia?