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Medio Ambiente

El turismo sostenible, ¿una alternativa para la conservación de los ecosistemas y el desarrollo económico?

Por Habemus

Publicado el 03 de Febrero de 2020.

Es posible que, en los meses por venir, se trunquen los viajes de centenares de visitantes a la región Caribe colombiana. Pero, ¿cuál es la razón?: la noticia de que, en 2020, Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNNC) fijará tres cierres para el Tayrona.

Quizá, para un sinnúmero de analistas, la decisión es contradictoria, pues en 2018 —según el “Informe Anual del Comportamiento de visitantes en Áreas Protegidas con vocación ecoturística”, elaborado por la Subdirección de Sostenibilidad y Negocios Ambientales de PNNC—, el Parque Natural Tayrona registró el ingreso de 446.299 visitantes. Una cifra récord. Entonces, ¿por qué, pese a los beneficios económicos, PNNC anunció los tres cierres temporales en 2020?

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Según Parques Nacionales Naturales de Colombia, en la nación, en 2018, el turismo en reservas naturales aumentó un 10.8% con respecto a 2017.

En un comunicado, PNNC sostuvo que la reserva natural urgía de una pausa para la recuperación de sus ecosistemas.

Y, es que hoy, en Colombia, uno de los disturbios antrópicos más críticos para los Parques Nacionales Naturales es el turismo masivo. En la nación, los dos casos más críticos son el Tayrona, en Magdalena, y Corales del Rosario y de San Bernardo, en Bolívar y en Sucre.

Así, ante el deterioro ambiental que han sufrido dos de los ecosistemas estratégicos en el país por cuenta del ingreso masivo de visitantes y la precaria planificación, un conjunto de organizaciones conservacionistas han planteado el turismo sostenible como una alternativa para conjugar el incremento de los ingresos económicos y la conservación de la biodiversidad.

Pero, en realidad, ¿es viable la simbiosis entre la responsabilidad ambiental y el lucro económico?

En cuanto al crecimiento económico en la industria turística, las perspectivas para el sector son optimistas, pues en 2018 el turismo logró el 3,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el mundo. Además, en 2017, la industria turística ocupó el tercer renglón en las exportaciones mundiales, después de los productos químicos y los combustibles.

En pocas palabras, desde la década de 1950, el turismo es una industria que no ha parado de crecer.

Además, en 2017, la industria turística ocupó el tercer renglón en las exportaciones mundiales, después de los productos químicos y los combustibles.

No obstante, en su informe “El turismo en América Latina y el Caribe y la experiencia del BID” —publicado en 2006 por el Banco Interamericano de Desarrollo—, la consultora Carmen Altés admitió que, con el tiempo, la escala alcanzada por algunos centros turísticos puso en evidencia la presión malsana que —algunos de ellos— ejercen sobre el territorio, los recursos naturales y la población local.

Ya, en 1997, ante los oscuros horizontes, la Organización Mundial del Turismo había trazado un conjunto de lineamientos para lograr una simbiosis entre el turismo y la sostenibilidad. Entre ellos, el uso óptimo de los recursos ambientales, el cuidado del patrimonio cultural y la diversidad biológica, la conservación de los valores tradicionales de las comunidades receptoras y la comprensión intercultural y, por último, la distribución equitativa de los beneficios socioeconómicos.

Hoy, para los promotores de la responsabilidad ambiental, la preferencia de un segmento de mercado por los viajes, la cultura y la naturaleza supone una buena noticia para Latinoamérica.

Pero, ¿cuáles son los buenos ejemplos a seguir en lo que respecta a una adecuada simbiosis entre turismo y sostenibilidad en América Latina?

En la breve entrevista “Así logró Costa Rica ser referente del turismo sostenible en el mundo” —publicada en marzo 2017 en Semana Sostenible—, Randall García —Director General del Instituto de Biodiversidad de Costa Rica— explicó que, en la nación centroamericana, el 2% de las áreas protegidas habilitadas para el turismo “genera el 40% del presupuesto para mantener todos los Parques Nacionales”.

EnCosta Rica, el 2% de las áreas protegidas habilitadas para el turismo “genera el 40% del presupuesto para mantener todos los Parques Nacionales”

Fragmento extraído del artículo “Así logró Costa Rica ser referente del turismo sostenible en el mundo” , de la Revista Semana Sostenible.

Así, bajo ciertas circunstancias, el turismo es un incentivo económico para la protección del patrimonio cultural y la riqueza biológica, además de ser un camino para el ingreso de divisa extranjera.

En esa medida, el caso de éxito en Costa Rica motiva una pregunta: ¿En qué ha avanzado el turismo sostenible en Colombia?

En 2019, en la Vitrina Turística de ANATO (Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo), Iván Duque Márquez declaró que “el turismo debe ser un nuevo petróleo para Colombia en términos de ingreso, en términos de movilización, de divisas”.

Además, en 2018, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), Colombia registró la visita de poco más de 4 millones de viajeros no residentes en Colombia.

Sin embargo, pese a la fe que la Casa de Nariño tiene en el turismo, y pese a que el MinCIT expidió en 2017 las Normas Técnicas Sectoriales de Turismo Sostenible para la certificación de la responsabilidad ambiental de los eslabones de la industria turística, sin duda el turismo —por sí mismo— no es un garante para la conservación de la biodiversidad y el patrimonio biológico.

Un ejemplo de lo anterior está en el Valle de Cócora, en Salento (Quindío). Pero, ¿cuál es la razón? La respuesta está en el artículo de investigación “Los palmares de Ceroxylon quindiuense en el Valle de Cócora, Quindío: perspectivas de un ícono escénico de Colombia” —publicado en 2003 en Colombia Forestal—. En este texto, los autores Rodrigo Bernal y María José Sanín afirmaron que, pese a que la zona es un centro de turismo masivo, no hay un plan para la conservación y la reproducción de la que es, quizá, la mayor atracción de la zona: los bosques de la Ceroxylon quindiuense.

Así, sin una perspectiva orientada hacia la sostenibilidad y una planificación en detalle, el turismo no es, per se, un baluarte para la conservación del patrimonio biológico, sino para lo contrario: la destrucción.

Finalmente, quedan interrogantes: en Colombia, ¿el sector turístico está trabajando en la creación de buenas prácticas para la conservación de ecosistemas estratégicos? Además, en Colombia, con su sinigual biodiversidad, ¿las inversiones y las políticas públicas están encaminadas a transformar la nación en un destino de turismo sostenible?

Sin una perspectiva orientada hacia la sostenibilidad y una planificación en detalle, el turismo no es, per se, un baluarte para la conservación del patrimonio biológico, sino para lo contrario: la destrucción.