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Medio Ambiente

Las fuerzas que amenazan la Amazonia

Por Redacción Habemus

Publicada el 26 de agosto de 2019.

En días recientes, con el hashtag #PrayForAmazonia, los internautas clamaron —con desasosiego— ante las terribles imágenes registradas por los satélites de la NASA, en las que la selva amazónica se ve consumida por un fuego demencial.

A mediados de agosto, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil afirmó haber detectado 74.155 incendios en la región amazónica brasileña desde inicios de 2019, lo que supone un incremento del 84 por ciento respecto al mismo periodo en 2018.

Tristemente, según The New York Times, los incendios, casi en su totalidad, fueron iniciados por “granjeros que intentaban limpiar sus tierras”. Sin embargo, el fuego consumió zonas deshabitadas de la selva tropical, en el noroeste brasileño. Entre ellas, regiones de los estados de Acre y Rondônia. Hasta el momento, los organismos estatales estiman que el fuego ha quemado casi dos millones de hectáreas.

Sin duda, el fuego actual es una estocada mortífera para los bosques amazónicos, quizá, la peor en décadas. Pero, la reciente ráfaga de incendios no es el único golpe que ha padecido esta jungla tropical en los últimos lustros. En este siglo ha sufrido tres inclementes sequías, en 2005, 2010 y 2015. Además, en los últimos 50 años la agroindustria, la ganadería y la minería despojaron a la jungla amazónica del 17% de su cobertura forestal —según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)—.

Pero, más allá de la atención mediática por los incendios, ¿cuáles son las acciones humanas que son una amenaza latente para la conservación de la selva amazónica brasileña?

En este siglo, la Amazonía ha sufrido tres inclementes sequías, en 2005, 2010 y 2015. Además, en los últimos 50 años la agroindustria, la ganadería y la minería despojaron a la jungla amazónica del 17% de su cobertura forestal

Una de las respuestas a este interrogante está en el artículo Deforestation in Brazilian Amazonia: History, Rates, and Consequences, publicado en junio de 2005 en la revista Conservation Biology. En él, Philip Fearnside —científico adscrito al Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia— resume las causas de la deforestación en la selva amazónica brasileña desde 1970. En su investigación, el biólogo señaló dos factores que han sellado la mala suerte de este bosque tropical durante las últimas décadas: el cultivo industrial de soya y la creación de gigantescas infraestructuras de transporte. Como ejemplo de lo anterior, Fearnside citó a Avança Brasil, un programa que, entre 2002 a 2007, invirtió más de 20 billones de dólares en la construcción de corredores viales en la región amazónica, en parte por el requerimiento de las grandes industrias para movilizar soya.

Por otra parte, en su artículo Droughts Over Amazonia in 2005, 2010, and 2015: A Cloud Cover Perspective —publicado en diciembre de 2018 en la revista Frontiers in Earth Science—, Jimenez, Libonati y Peres advirtieron sobre el déficit de lluvia en la selva amazónica que, “durante las primeras décadas del siglo XXI, […] ha experimentado tres de las sequías más severas en su registro climático en los últimos 100 años”.

En el texto, el grupo de investigadores concluyó —con preocupación— que la pérdida de humedad en la jungla amazónica brasileña está asociada, en gran parte, con la conversión de áreas boscosas en terrenos para la agricultura y el pastoreo, la tala selectiva y la fragmentación de bosques. Estas tres acciones, según los autores, han incidido en el aumento de incendios.

La pérdida de humedad en la jungla amazónica brasileña está asociada, en gran parte, con la conversión de áreas boscosas en terrenos para la agricultura y el pastoreo, la tala selectiva y la fragmentación de bosques.

Jimenez, Libonati y Peres en el artículo “Droughts Over Amazonia in 2005, 2010, and 2015: A Cloud Cover Perspective”

Además, según Fearnside, la tala de árboles “aumenta en gran medida la susceptibilidad de los bosques al fuego. Una vez entra, destruye árboles, aumenta las cargas de combustible y el secado subterráneo, lo que, en un futuro, aumenta el riesgo de incendios y la degradación del bosque”.

En 2005, ante el desesperanzador escenario para la jungla amazónica, Fearnside sugirió una reforma agraria y la creación de alternativas de empleo —en áreas rurales y urbanas— que impliquen acciones menos destructivas al medio ambiente.

Pero, la selva amazónica enfrenta una amenaza más: la política.

En mayo de 2007, en Vancouver (Canadá), se realizó el simposio “Nuestro acervo común: innovaciones en la toma de decisiones relativas al uso de la tierra”. En el evento, Claudia Azevedo-Ramos —exdirectora del Servicio Forestal Brasileño— presentó su ponencia “El desarrollo sostenible y los retos de la deforestación en la Amazonia brasileña: lo bueno, lo feo y lo malo”, donde aseveró que la creación de políticas públicas orientadas al aprovechamiento de la tierra, la gobernanza local y el cumplimiento de la ley, son una posible clave para reducir la deforestación en el bosque amazónico brasileño.

Sin embargo, una vez más, la política brasileña no está a favor de la preservación de la selva amazónica. En lugar de ello, la Amazonia es objeto de los debates entre los partidarios de su conservación y aquellos que, ven en ella, un trampolín para impulsar el crecimiento económico.

En efecto, en 2018, entre sus promesas electorales, Jair Bolsonaro anunció sus intenciones de explorar —aún más— el potencial económico de la región amazónica brasileña.

Hoy, en plena crisis, mientras el fuego consume los bosques amazónicos, las disparatadas respuestas de Bolsonaro desconciertan a los internautas. Sin embargo, ellas suscitan un interrogante —que no solo es pertinente para los brasileños—: ¿Cómo ciudadanos, al momento de ejercer el derecho al voto, en realidad votamos a favor del desarrollo sostenible y la defensa del patrimonio biológico?

¿Cómo ciudadanos, al momento de ejercer el derecho al voto, en realidad votamos a favor del desarrollo sostenible y la defensa del patrimonio biológico?

Finalmente, ¿en la escena política latinoamericana, la selva amazónica recibe la importancia que merece a la hora de crear políticas públicas?