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Cultura

La obra visual que legó la Expedición Botánica en Nueva Granada

Por Yesica Giraldo Gutiérrez

La colección sobre la Expedición Botánica —en Nueva Granada— que reposa en el Real Jardín Botánico de Madrid de la que pocos hablan en Colombia.

En 1803, en una misiva a Carl Ludwig Willdenow, el célebre expedicionario Alexander von Humboldt describió al colombiano Francisco Javier Matís como “el primer pintor de flores del mundo y un excelente botánico”.

El breve comentario de von Humboldt, me suscitó una pregunta: ¿Por qué el polímata prusiano se refirió en su correspondencia a un artista y botánico nacido en un lugar tan lejano de la ilustrada Europa?

La respuesta a este interrogante reside en una empresa científica que conectó a la élite intelectual de aquel entonces: las expediciones botánicas en el Imperio español.

A mediados del siglo XVIII, en los reinados de Fernando VI y Carlos III, la Monarquía española ideó un ambicioso programa científico que tuvo como objeto crear un inventario de las riquezas naturales del Imperio. En aquel entonces, según Pedro Rodríguez de Campomanes, un catálogo de la flora americana podría ser una fuente de riquezas para la monarquía que permitiría la explotación y el comercio de bienes naturales “rentables” procedentes del Nuevo Mundo.

El efecto del espíritu ilustrado en las cortes europeas y las ambiciones imperiales motivaron la creación de dos instituciones consagradas a las ciencias naturales, que en aquel entonces fueron decisorias en el destino de aquellas exploraciones científicas: el Real Jardín Botánico de Madrid (RJB), fundado en 1755, y el Real Gabinete de Historia Natural, inaugurado en 1771.

En aquel entonces, según Pedro Rodríguez de Campomanes, un catálogo de la flora americana podría ser una fuente de riquezas para la monarquía que permitiría la explotación y el comercio de bienes naturales “rentables” procedentes del Nuevo Mundo.

Años más tarde, en 1777, la firma de una cédula real dio paso a la Expedición Botánica en el Virreinato del Perú, la primera de las cuatro travesías científicas que recorrieron el Imperio español en las dos décadas siguientes.

Seis años después, el 30 de abril de 1783, mediante una cédula real fue protocolizada la Expedición Botánica en el Virreinato de Nueva Granada.

En su escrito “La Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada”un texto premiado por la Universidad Nacional de Colombia en un concurso abierto en 1945—, Ramón Trías afirmó que esta travesía científica significó “una verdadera revolución en el alma de la colonia” y fue la fuerza impulsora del “movimiento precursor de la independencia colombiana”.

Y, aunque los ecos de esta empresa científica imperial aún resuenan en la historia americana, es pertinente traer una pregunta a la escena: ¿Cuál fue la suerte de las obras visuales creadas durante las expediciones botánicas que patrocinó la Monarquía española, en particular, en el Virreinato de Nueva Granada?


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Pese a que los historiadores han escrito sobre la influencia de estas empresas científicas en los movimientos independentistas latinoamericanos, la vasta obra pictórica que dejaron las expediciones botánicas en las tierras americanas es aún una cuestión desconocida por muchos. Un ejemplo de lo anterior son las más de 7.100 imágenes creadas por un conjunto de artistas y de naturalistas criollos en Nueva Granada bajo la instrucción de José Celestino Mutis y que hoy reposan en el RJB.

Respecto a aquellas pinturas, en su artículo “Unos bocetos atribuidos a Francisco Javier Matís (1763-1851). ¿Autenticidad o fraude?”, Santiago Díaz-Piedrahita —quien fue miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales— sugiere que, siguiendo el modelo “institucionalizado por Mutis”, las pinturas de la flora neogranadina son “intemporales pues representan simultáneamente todas las características de la planta […] tanto por la haz como por el envés”.

Además, en su libro El imperio visible, Daniela Bleichmar —profesora en el Departamento de Historia del Arte e Historia de la Universidad del Sur de California— sostiene que las imágenes de las expediciones botánicas son representaciones que ofrecen “una percepción única de la historia natural y la cultura visual en el mundo hispánico”.

Las imágenes de las expediciones botánicas son representaciones que ofrecen “una percepción única de la historia natural y la cultura visual en el mundo hispánico”.

Daniela Bleichmar, El imperio Visible.

Por otra parte, Bleichmar expresa que la red cosmopolita forjada en el siglo XVIII, de corresponsales y de artistas, permitió la creación de la extensa obra visual que hoy reposa en el RJB.

Paradójicamente, en el mundo hiperconectado de hoy, es una sorpresa la precaria divulgación que tienen estas joyas de la pintura botánica en las naciones que otrora conformaron la Nueva Granada, en particular, en Colombia.

En 2008, en el Bicentenario Mutis, el RJB inició un proyecto para la digitalización y la publicación online de más de 7.100 láminas creadas durante las travesías científicas en tierras neogranadinas. Años más tarde, Gonzalo Nieto Feliner —director del RJB entre 2006 a 2014— presentó la colección digital “Mutis” y recordó la deuda histórica de España con Colombia en lo referente a este conjunto pictórico. Según Nieto, la publicación en la web de los dibujos elaborados durante la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), es una vía para acceder con más facilidad a “un patrimonio […] que representa una muestra singular de la riquísima diversidad biológica colombiana”.

Sin embargo, la poca divulgación en Colombia de este conjunto pictórico botánico conduce a un interrogante: ¿Los esfuerzos de las entidades gubernamentales, como el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura, están orientados a que los ciudadanos reconozcan este patrimonio cultural binacional?


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