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Cultura

Los libros ilustrados: ¿solo para un público infantil?

Por Habemus

Publicado el 16 de Noviembre de 2019.

Hace un par de meses, en una conversación con un par de literatos, nos sorprendimos al escuchar la opinión de uno de ellos sobre los libros ilustrados. En la breve discusión, afirmó que estos libros, por lo general, tienen un halo infantil. Pero, ¿es una afirmación cierta?

Acaso, hoy, dada la dinámica de la escena editorial, ¿es un prejuicio relacionar cualquier libro ilustrado con el público infantil?

En efecto, desde hace poco más de una década, la industria editorial nos ha sorprendido con una sucesión de publicaciones de gran belleza visual y con una trama envolvente. Hoy, las empresas editoriales evolucionan a través de recursos creativos innovadores que atrapan a lectores de todas las edades.

Pero, ¿cuáles son los libros ilustrados que, por su pulcritud en lo visual y por su calidad narrativa, pueden fracturar los prejuicios de los lectores que afirman que estas publicaciones están relacionadas inequívocamente con la literatura infantil?

Un ejemplo de lo anterior es el libro Nietzsche: crearse libertad, escrito por Michel Onfray e ilustrado por Maximilien Le Roy, y publicado en su edición española por la Editorial Sexto Piso. Esta obra es una adaptación gráfica de la vida y las ideas filosóficas del alemán Friedrich Nietzsche. Allí, con breves expresiones como: ¿Cuánta verdad puede soportar un hombre? o, ¡Hay que quebrar las antiguas Tablas de la Ley!, Onfray esboza el pensamiento disruptivo del filósofo alemán.

Además, en la última sección del libro, hay unas páginas que ilustran el declive de Nietzsche. Lo retratan retorciéndose en su cama, delirante, presa de las más terribles pesadillas. Así, con la magistral representación gráfica realizada por Le Roy, se muestra el dramático colapso mental que sufrió el filósofo y que lo condujo a pasar los últimos años de su vida en una clínica psiquiátrica.

Por otra parte, la novela gráfica Persépolis de la iraní Marjane Satrapi es otro ejemplo notable. En el inicio de esta obra autobiográfica, la autora narra las peripecias de su familia tras el estallido de la revolución islámica en Irán, a finales de la década del 70. Además, con el paso de las páginas, describe su entrada en la adolescencia y, con ello, su predilección por la música norteamericana y las culturas extranjeras, una cuestión que la transformó en un blanco para el régimen iraní y que obligó a su familia a enviarla a un largo exilio en Europa.

Finalmente, Satrapi relata sus años vividos en el exilio. Narra sus dramas, los propios de una joven mujer musulmana en Francia: la soledad, la incomprensión, las barreras culturales y la ausencia de pertenencia a una nación.

La novela gráfica Persépolis de la iraní Marjane Satrapi es otro libro ilustrado notable.

Sin embargo, en lo que respecta al libro ilustrado, las anteriores obras son solo dos gotas de agua en un océano de novedosos aciertos editoriales.

En lo que respecta a la escena editorial latinoamericana, un ejemplo es el comic Virus tropical, de la ilustradora colombo-ecuatoriana Powerpaola —seudónimo de Paola Gaviria Silguero—. En las primeras páginas, Gaviria plasma el siguiente texto: “La barriga de Hilda estaba hinchada. Era imposible que estuviera embarazada, ya que un año antes se había ligado las trompas. Los distintos médicos que visita y la gente que la ve en las calles de Quito, Ecuador, le dan distintos diagnósticos, desde gases, subida de peso, mal de ojo, estar poseída por haberse casado con un sacerdote e, incluso, un virus tropical. Nada de eso. Cuando, en realidad, la mujer estaba embarazada de su tercera hija”.

Esa es la obertura del libro Virus tropical, memoria gráfica que cuenta la llegada y el paso por el mundo de Gaviria.

Además, en Colombia, está el caso de Rey Naranjo Editores, empresa que tiene una apuesta por la novela gráfica, con célebres publicaciones como: Gabo: memorias de una vida mágica —de Óscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba— y La chica de polvo —de Jung Yumi— que ganó el Premio New Horizons 2014, otorgado por la Feria Internacional del Libro Infantil en Bolonia. Ambas lecturas, sin duda, son altamente recomendadas.

En 2015, la novela gráfica «Gabo: memorias de una vida mágica» —de Óscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba — ganó el Premio Romic al mejor cómic latinoamericano en el Salón del Cómic de Roma, Italia.

Y queda un amplio abanico de joyas editoriales, de las que poco se habla en tierras latinoamericanas, como: Los surcos del azar del español Pablo Roca —publicada originalmente en 2013 por Astiberri Ediciones—, City of glass de Paul Auster, Paul Karasik y David Mazzucchelli y, finalmente, para los que gustan de las historias de superhéroes, Batman: año uno, de Frank Miller y David Mazzucchelli.

Hoy, si bien es cierto que aún perdura una mayúscula fracción de libros ilustrados orientada a un público infantil, también emergen novedosas publicaciones que requieren de una mente abierta y un observador atento a los sentidos que emanan del juego del texto con la ilustración.

Los surcos del azar del español Pablo Roca —publicada originalmente en 2013 por Astiberri Ediciones— , narra la historia de Miguel Ruiz, un republicano español exiliado en Francia.