Cargando
Cultura

Notre Dame: ¿por qué Francia consideró una “reconstrucción inventiva”?

Por Redacción Habemus

Publicado el 20 de agosto de 2019.

A mediados de abril, un incendio provocó el colapso de la aguja y la mayor parte del techo abovedado de la Catedral de Notre Dame, una joya arquitectónica construida en París durante los siglos XII y XIV. Días después de la catástrofe, el Consejo de Ministros de Francia anunció un concurso internacional de arquitectura para su reconstrucción. Durante una alocución, Édouard Philippe, primer ministro francés, expresó su deseo de que Notre Dame “se adapte a los desafíos de nuestro tiempo”.

Desde aquel anuncio, algunas firmas de arquitectura exhibieron su creatividad con excéntricas creaciones. Desde la propuesta futurista del arquitecto belga Vincent Callebaut que planteó transformar la construcción gótica en una granja hidropónica, hasta la extraña idea del estudio sueco Ulf Mejergren Architects que imaginó una piscina en la cubierta de la construcción medieval.

En respuesta a la resolución del Consejo de Ministros de Francia, el arquitecto encargado de reconstruir Notre Dame, Philippe Villeneuve, en una entrevista con el diario francés Le Figaro pidió restaurar la aguja de la catedral parisina “idéntica” a la antigua, pese al deseo del presidente Emmanuel Macron de gestionar “una reconstrucción inventiva”.

Pero, ¿por qué, en las semanas posteriores al incendio, la reconstrucción arquitectónica “idéntica” de la Catedral de Notre Dame sólo paso por la mente de Philippe Villeneuve, arquitecto en jefe de la restauración de este recinto gótico?

En su artículo “Consideraciones que deben tenerse en cuenta para la restauración arquitectónica”, José Antonio Terán Bonilla —arquitecto de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México— señaló que una obra arquitectónica es un legado histórico y hace parte del patrimonio cultural.

Pero, ¿por qué, en las semanas posteriores al incendio, la reconstrucción arquitectónica “idéntica”de la Catedral de Notre Dame sólo paso por la mente de Philippe Villeneuve, arquitecto en jefe de la restauración de este recinto gótico?

En efecto, el extraordinario valor estético de la Catedral de Notre Dame fue lo que le valió su inscripción en la Lista del Patrimonio de la Humanidad. En 1991, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la incluyó por ser una notable aplicación de las novedosas técnicas arquitectónicas del siglo XII y por la armonía entre las esculturas y los elementos arquitectónicos. Así pues, en la declaratoria, la UNESCO describió la Catedral de Notre Dame como una obra maestra del arte gótico.

Poco después de la catástrofe, la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, anunció: “La UNESCO está junto a Francia para salvaguardar y rehabilitar este patrimonio de valor universal excepcional”.

Entonces, ¿por qué, en oposición a los clamores de la UNESCO y de Philippe Villeneuve, el Consejo de Ministros de Francia clamo por una “reconstrucción inventiva” de la Catedral de Notre Dame?

La columnista Daniela Blandón Ramírez, en su artículo “Se podrá reconstruir la Catedral de Notre Dame en cinco años como lo fijó Macron” —publicado en la web de France 24—, señaló que: “El presidente de Francia pidió a la ciudadanía ‘huir de la impaciencia y de los anuncios inmediatos’ y fijó ese lapso para terminar las obras”. Sin embargo, a juicio de expertos, es una declaración irrisoria. Blandón agrega que Jack Lang, quien fue jefe del Ministerio de Cultura de Francia en 1981, dijo que un programa de restauración inferior a una década es una “broma”.

Al respecto, hay dos razones que justifican el pesimismo del gobierno francés y de los especialistas en restauración arquitectónica en torno a la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame: la primera, la insuficiente disponibilidad de roble y, la segunda, la poca oferta de artesanos.

Sin embargo, a juicio de expertos, es una declaración irrisoria. Según Jack Lang, quien fue jefe del Ministerio de Cultura de Francia en 1981, dijo que un programa de restauración inferior a una década es una “broma”.

Sobre la primera cuestión, la columnista Blandón anota que Sylvain Charlois, el mayor productor de roble en el país galo, dijo que le preocupaba que Francia no tuviera suficiente madera para la restauración de la iglesia gótica. Además, Charlois aseveró que “constituir un stock suficientemente grande de troncos de roble de esa calidad tomará varios años”.

Por otra parte, en referencia a la segunda cuestión, Blandón apunta que Francis Maude, uno de los arquitectos que dirigió la restauración del Castillo de Windsor, dijo que “la oferta de artesanos para trabajar tanta piedra, tanta madera, tanto plomo, tanto vidrio para las ventanas es algo que la industria de Europa no puede enfrentar actualmente”.

Quizá, en el corto plazo, la “restauración inventiva” propuesta por el Consejo de Ministros de Francia hubiese sido la vía más rápida para reconstruir la catedral. Sin embargo, la pugna alrededor del  concurso internacional de arquitectura para reconstruir Notre Dame, anunciado en mayo por el primer ministro Édouard Philippe, trajo al ruedo una cuestión espinosa: los retos que enfrenta la conservación de la herencia histórica.


Adenda

Hace poco, tras amargas discusiones, el proyecto de ley sobre la restauración de Notre Dame fue aprobado en la Asamblea Nacional de Francia. Aunque, aún, no hay una cifra exacta, las promesas de donaciones ya suman varios centenares de millones de euros.

Sin embargo, tras cuatro meses del incendio, en las últimas semanas, los elevados niveles de plomo y la desmesurada polución copan los titulares de los periódicos europeos, tanto así, que, el diario Le Parisien se refirió a una “crisis sanitaria inédita”.

Mientras París atraviesa un escándalo sanitario, el Ministerio de Cultura de Francia anuncio en un comunicado que, el objetivo primario de las obras de restauración es evitar el colapso de la construcción gótica.

Finalmente, las pugnas políticas, el superlativo costo económico y el peligro para los obreros que batallan por mantener en pie la Catedral de Notre Dame, son cuestiones que, suscitan otro interrogante: ¿cuál es el costo admisible –en términos humanos y económicos– para salvaguardar los bienes que conforman el patrimonio histórico?

¿Cuál es el costo admisible –en términos humanos y económicos– para salvaguardar los bienes que conforman el patrimonio histórico?