Cargando
Cultura

¿Por qué lo romántico amenaza el amor?

Por Redacción Habemus

Publicado el 20 de agosto de 2019.

En 2016, en un auditorio de la Sydney Opera House, el filósofo suizo Alain de Botton inició una de sus conferencias con una hipótesis que llevaba implícito un interrogante curioso: ¿Es el amor algo espontáneo o, por el contrario, está influenciado por el contexto histórico y social?

¿Es el amor algo espontáneo o, por el contrario, está influenciado por el contexto histórico y social?

Durante su exposición, el pensador suizo apostó por el segundo fragmento del interrogante, y afirmó que la visión contemporánea del amor está influenciada, de manera profunda, por la sensibilidad romántica. En parte, la hipótesis de Alain de Botton sugiere que lo romántico aún resuena en la cultura contemporánea, a través de la poesía y la prosa.

Un ejemplo de lo anterior lo presentó Javier Domínguez Hernández —Doctor en Filosofía— en su artículo “Lo romántico y el romanticismo» en Schlegel, Hegel y Heine”, publicado en diciembre de 2009 en la Revista de Estudios Sociales. En él, Domínguez cita a Rüdiger Safranski, quien señala que, aunque lo romántico tiene su génesis en 1769, con Gottfried Herder, se extiende hasta los movimientos estudiantiles de 1968, con consecuencias en los tiempos posmodernos.

A grandes rasgos, según expresa el académico William Lyon Phelps, en su libro The Beginnings of the English Romantic Movement, en el movimiento del romanticismo se encontrarán, por lo general, tres cualidades: la subjetividad, el amor a lo pintoresco y el espíritu reaccionario. Por otra parte, el término “romántico” es anterior al romanticismo, apareció a mediados del siglo XVII y, durante décadas, tuvo un tinte peyorativo, pues se usaba para referirse a “la romanesca”, creaciones literarias que no seguían los cánones contenidos en la obra El arte poético de Nicolas Boileau-Despréaux.

Hace algunos años, Safranski estableció una diferencia entre el romanticismo y lo romántico: el primero como un movimiento cultural y, el segundo, como una actitud del espíritu.

Hace algunos años, Safranski estableció una diferencia entre el romanticismo y lo romántico: el primero como un movimiento cultural y, el segundo, como una actitud del espíritu.

Y es que, precisamente, lo romántico ha tenido consecuencias inesperadas sobre la cultura contemporánea. En efecto, en la miniserie documental A Very British Romance, producida por la BBC en 2015, la curadora de Historic Royal Palaces, Lucy Worsley, rastreó el origen de algunos estereotipos sobre el amor romántico y afirmó que“incluso la forma en la que sentimos hoy se remonta a momentos históricos específicos”.

Así, tras una brevísima introducción, la historiadora Worsley inició una travesía sobre la influencia de la novela romántica en las relaciones amorosas. Desde Pamela de Samuel Richardson hasta Sentido y sensibilidad de Jane Austen, Worsley presentó el contexto histórico que popularizó algunas costumbres amorosas, desde las tarjetas de San Valentín hasta el concepto “felices para siempre”.

Pero, ¿por qué, en el presente, algunos autores cuestionan la influencia benigna del espíritu romántico en las relaciones amorosas?

De nuevo, Safranski señala un argumento clave. Según el filósofo alemán, el triunfalismo de lo romántico sobre el principio de realidad es el punto donde comienzan los problemas con él, tanto en la política como en el amor.

De nuevo, Safranski señala un argumento clave. Según el filósofo alemán, el triunfalismo de lo romántico sobre el principio de realidad es el punto donde comienzan los problemas con él, tanto en la política como en el amor.

Sin duda, el espíritu romántico ha sido el sustrato de un amplio abanico de creaciones, desde la famosa novela Orgullo y prejuicio de Jane Austen, hasta el célebre blockbusterBridget Jones”. Lo romántico influyó sobre los rituales de cortejo en las sociedades anglosajonas, como lo señalan Alain de Botton y Lucy Worsley. Pero, ¿cómo influenció la educación sentimental de América Latina?

En 1740, Samuel Richardson publicó la novela epistolar Pamela. En esta melodramática obra, una virtuosa joven de clase obrera, tras innumerables desventuras, contrae matrimonio con su aristócrata jefe. Pero, ¿por qué una novela publicada en el siglo XVIII en el Reino Unido suena familiar? La respuesta es que la trama narrativa de Pamela se ha reproducido en un sinnúmero de producciones audiovisuales latinoamericanas durante las últimas décadas, desde la telenovela mexicana “María, la del barrio” hasta la colombiana “Yo soy Betty, la fea”.

Pero, ¿cuál es el problema de algunos pensadores con el concepto “felices para siempre”?

En su conferenciaOn Love, Alain de Botton insistió en las consecuencias involuntarias del concepto “felices para siempre” propagado por las creaciones románticas. En referencia a ello, afirmó que si queremos tener la oportunidad de construir una relación amorosa a largo plazo, lo aconsejable es ser desleales a la sensibilidad romántica. Además, el filósofo suizo sugirió abandonar la noción del prójimo como seres buenos por naturaleza y aceptar la imperfección humana como cimiento para construir relaciones amorosas.

Al igual que Alain de Botton en su charla “On Love”, David Purnell y Jim Bowman en su artículo científico Happily ever after’: Are traditional scripts just for fairy tales? —publicado en enero de 2014 en Narrative Inquiry— se preguntaron: ¿Necesitan las historias tener un desenlace optimista?

En últimas, lo que subyace en el interrogante ¿por qué lo romántico amenaza el amor?, es una reflexión y una invitación de algunos filósofos a ubicar el principio de realidad como cimiento de las relaciones amorosas.