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Cultura

The Crown, un acercamiento a las penurias reales

Por Habemus

Publicado el 04 de Diciembre de 2019.

Tras una breve charla con los sobrevivientes de una catástrofe en una población carbonífera, Isabel II —interpretada por Olivia Colman— cruza el umbral de una minúscula puerta en Aberfan, Gales. Allí, frente a una decena de cámaras se seca, al parecer, una lágrima. Poco después, la pantalla se oscurece.

Tras partir de Aberfan, en la intimidad de su avión privado, Isabel interroga a su consejero, quizá, buscando en el viejo hombre un atisbo de lo que ella carece: la empatía.

En los últimos minutos del capítulo, Isabel se sienta en frente de Wilson —primer ministro británico— y, allí, en la penumbra de una sala del Palacio de Buckingham, la adusta reina le confiesa su incapacidad para llorar.

Después, en el capítulo siguiente, en el escenario del programa de televisión estadounidense Meet the Press, Felipe narra las privaciones que la familia real británica había sufrido como consecuencia de la insuficiente asignación mensual de Downing Street. Incluso, Felipe musita sobre su pesadumbre tras vender un yate. Tras el ridículo comentario, John Armstrong —un supuesto periodista de The Guardian— arremete contra la monarquía británica.

Sin embargo, en medio de la polémica mediática desatada por Felipe, para suerte de la Casa de Windsor, reaparece el personaje que, en nuestro concepto, es uno de los más entrañables de The Crown, en su tercera temporada. Pero, ¿quién es? Se trata de la princesa Alicia de Battenberg —interpretada por la brillante Jane Lapotaire—.

Tras su paso sucesivo por un sinnúmero de clínicas mentales, Alicia funda la orden monástica “Christian Sisterhood of Martha and Mary”. Sin embargo, después de un periodo de pobreza y de enfermedad, la mujer deja Grecia.

Ya, en Inglaterra, las tragedias de su vida y los actos heroicos que protagonizó en la Segunda Guerra Mundial se hacen públicos, unos hechos que, sin duda, la catapultan ante los medios de comunicación como la antítesis de los demás miembros de la nobleza inglesa.

Así, uno de los sutiles encantos de The Crown es que disipa la densa niebla que cubre la Casa de Windsor y con delicadeza los expone en su banalidad, en ocasiones en su insensibilidad y en especial en su humanidad.

The Crown desnuda a la monarquía británica, la despoja de los ropajes de la riqueza, el lujo y las tradiciones centenarias, para presentar un conjunto de individuos que enfrentan los dilemas inherentes a la humanidad: el envejecimiento, la pregunta por la fe y el miedo al sufrimiento.

Así, en The Crown, la riqueza y la fama no son el parapeto que cubre a la Casa de Windsor de los dramas que acechan: la infidelidad, la violencia intrafamiliar, la enfermedad, el alcoholismo y el desamor.

Por supuesto, más allá de la cuidadosa narración de la historia y la pulcritud de la fotografía, las interpretaciones de Olivia Colman y de Helena Bonham Carter son un importante ingrediente de la serie. Así, la tercera, es una temporada que no solo vale la pena ver, sino también repetir.

Así, la tercera, es una temporada que no solo vale la pena ver, sino también repetir.

Como lo señaló Lucy Mangan, en su crítica The Crown season three review – a lavish return full of royal pains —publicada el 17 de noviembre de 2019 en The Guardian—, en esta producción audiovisual “cada centavo se ve en la pantalla”.