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Educación

Los déficits habitacionales, un problema más en tiempos de cuarentena

Por Habemus

Publicado el 23 de Abril de 2020.

Para muchos, en estos momentos, el eslogan ¡Quédate en casa! es un llamado sensato. Sin embargo, lo que para unos es una situación llevadera, para otros es un infernal padecimiento por cuenta de circunstancias como el hacinamiento o el hambre. Hoy, los hechos recientes dejan al desnudo un problema de vieja data en América Latina que ha pasado inadvertido para la opinión pública: los déficits habitacionales.

Hoy, para un vasto sector de la población, el aislamiento social obligatorio es una ingrata experiencia que devela las profundas brechas económicas. Sin duda, en América Latina, las cuarentenas por cuenta de la covid-19 han dejado al desnudo un sinnúmero de historias que dan testimonio de problemas que, por décadas, han pasado inadvertidos para la opinión pública. Entre ellos, quizá, uno de los más graves es la honda precariedad en las condiciones de vivienda.

Las penurias que hoy sufren millones de latinoamericanos por cuenta de los déficits en torno a la vivienda se originaron en la década de 1950, como producto de las olas migratorias del campo a la ciudad, un fenómeno que posteriormente se acrecentó por la falta de planificación urbana y la poca inversión en infraestructura.

Pero, hoy, ¿cómo va la batalla contra la precariedad de las viviendas en América Latina y, en especial, en Colombia?

De hecho, en su texto “Pisos y calles de tierra: los mercados de vivienda sí cuentan” —uno de los capítulos del libro Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo—, César Patricio Bouillon y colaboradores señalaron los factores de riesgo en los hogares de bajos ingresos en Latinoamérica, entre ellos el hacinamiento, la ventilación inadecuada, los pisos de tierra, el no acceso a agua potable, la altísima humedad y la proximidad a áreas contaminadas —como zonas industriales o vías congestionadas—.

Y es que, en las grandes urbes de América Latina y el Caribe, uno de los rasgos característicos de los paisajes urbanos es la precariedad de las viviendas, desde la favela “Rocinha” en Río de Janeiro hasta el distrito “Villa El Salvador” en Lima.


También, lea el artículo: «La brecha digital en Colombia, ¿una zancadilla para la educación en casa?».


De hecho, en 2012, en su texto “Retrato de un problema: el sector de la vivienda” —otro de los capítulos del libro citado—, Bouillon y colaboradores afirmaron que “los problemas de vivienda afectan actualmente a más de una tercera parte de las familias de América Latina y el Caribe”. En pocas palabras, los déficits de vivienda* perjudican a más de 200 millones de individuos.

Así, más allá de las creencias populares, una casa es algo más que un techo y cuatro paredes.

En efecto, según evidencia reciente, la precariedad de la vivienda influye negativamente en el desempeño escolar, el desarrollo cognitivo y la salud pública. De hecho, según Bouillon y colaboradores, ciertas características en las casas, como los pisos de tierra y la inadecuada ventilación, son caldo de cultivo para peligrosas enfermedades contagiosas como el mal de Chagas, la tuberculosis y la malaria.

Pero, las amenazas para la salud derivadas de los déficits habitacionales no terminan allí. Ya, desde 2012, Bouillon y colaboradores relacionaron la precariedad en las viviendas con ciertas enfermedades mentales, como la neurosis o el alcoholismo.

Además, en Colombia, en medio del confinamiento obligatorio por cuenta de la covid-19, los medios de comunicación han publicado alarmantes titulares sobre el incremento de la violencia intrafamiliar contra mujeres y adultos mayores.

Ciertas características en las casas, como los pisos de tierra y la inadecuada ventilación, son caldo de cultivo para peligrosas enfermedades contagiosas como el mal de Chagas, la tuberculosis y la malaria.

Fragmento basado en el texto “Pisos y calles de tierra: los mercados de vivienda sí cuentan”, de Bouillon y colaboradores.

En Colombia, aunque aún no hay evidencia que dé testimonio de una relación directa entre el incremento reciente en los casos de violencia intrafamiliar y las precariedades de vivienda, es un fenómeno social innegable.

Y es que, en Colombia, en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) encontró que casi 1’800.000 individuos viven en condiciones de hacinamiento, una cifra que representa más del 4% de los censados.

Antes, en el Censo General de 2005, el DANE reveló que 36,21% de los hogares colombianos tenían necesidades habitacionales, una cifra que contrastaba fuertemente con la reportada con brechas de vivienda en 1993, que alcanzaba 53,65%.

Aunque en aquel entonces el número presentó una mejoría sustancial con respecto al conteo que se realizó en la década de 1990, aún Colombia tiene retos gigantescos para mejorar la calidad de la vivienda.

En Colombia, casi 1’800.000 individuos viven en condiciones de hacinamiento, una cifra que representa más del 4% de los censados.

Dato extraído del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, el Departamento Nacional de Estadística (DANE).

De hecho, en 2018, en el Censo Nacional de Población y Vivienda, el DANE caracterizó las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), un conjunto de indicadores que cuantificaron el porcentaje de la población colombiana que no alcanza el “umbral mínimo”, un procedimiento que el organismo gubernamental utilizó para dar respuesta a un interrogante: ¿cuántos son los colombianos que pueden ser caracterizados como pobres?

Con base en el océano de datos cuantitativos registrados en 2018, el DANE construyó el indicador “Viviendas Inadecuadas”. Con ello, se refirió a las casas que poseen características físicas impropias para el alojamiento humano. Al respecto, las cifras son escandalosas. Por ejemplo, en departamentos como Vichada el 56,59% de sus habitantes moran en viviendas con déficits habitacionales y en La Guajira el 29,24%.

Incluso, en urbes como Bogotá, el 0,36% de la población vive en casas con déficits habitacionales y, además, el 1,35% mora en condiciones de hacinamiento. Y aunque para muchos este porcentaje es bajo —con respecto a otras cabeceras municipales—, este número es abrumador pues da cuenta de las condiciones de las viviendas de más de 122.000 bogotanos.

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Según el DANE, en Vichada, Guainía, Vaupés y Guajira, al menos el 25% de la población vive en hacinamiento. Gráfico: DANE.

Ante las cifras, la Redacción Habemus se preguntó: ¿por qué hay tantos latinoamericanos que residen en viviendas precarias o en hacinamiento?

Según  Bouillon y colaboradores, en algunas ocasiones las familias no pueden costearse ni siquiera una vivienda básica. En otros casos, no logran conseguir un crédito hipotecario porque no pueden documentar sus ingresos o porque el préstamo obliga al pago de intereses demasiado costosos.

Incluso, en urbes como Bogotá, el 0,36% de la población vive en casas con déficits habitacionales y, además, el 1,35% mora en condiciones de hacinamiento. Y aunque para muchos este porcentaje es bajo —con respecto a otras cabeceras municipales—, este número es abrumador pues da cuenta de las condiciones de las viviendas de más de 122.000 bogotanos.

Así, en algunos casos, la situación descrita conduce a la invasión de tierras y a la urbanización ilegal, y de allí brotan casas carentes de servicios básicos. Con el tiempo, los propietarios las amplían por sus propios medios, ignorando los códigos de construcción y las regulaciones municipales.

Pero, las viviendas informales no son las únicas que tienen déficits habitacionales.

De hecho, hace poco, en su artículo «‘Quédate en casa’ significa cosas muy diferentes según la casa» —publicado el 3 de abril en La Silla Vacía—, Daniela Amaya Rueda señaló que, en Colombia, el hacinamiento ocurre incluso en viviendas subsidiadas, como por ejemplo en “las cien mil casas ‘gratis’ de Vargas Lleras”, en donde “muchas familias beneficiarias se pasaron a vivir a los 40 o 50 m2 en obra gris que recibieron con núcleos familiares extendidos.

Así, aunque el aislamiento social obligatorio parece ser idéntico para todos los hogares, hoy —por cuenta de los déficits habitacionales y las brechas económicas— la cuarentena no es igual para todas las familias.

Y si bien, de acuerdo con lo formulado en el libro Un espacio para el desarrollo —antes citado—, la vivienda es un derecho en las cartas políticas de 18 países latinoamericanos, aún uno de los desafíos perentorios en el sector de la vivienda en América Latina es claro: eliminar los déficits habitacionales. Aunque en Colombia en las últimas décadas los resultados en materia de cobertura de vivienda son favorables, hoy —como lo afirmaron Fernando Cuenin y colaboradores en su texto “Construcción de una política de vivienda que funcione”— el gran reto en esta materia consiste en mejorar la calidad de las viviendas subsidiadas y en mantener los niveles de cobertura. Pero, ¿la construcción de las políticas públicas para el sector de la vivienda cruzará las barreras ideológicas y será más pragmática?