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Educación

El malestar

Por Habemus

Publicado el 20 de Noviembre de 2019.

En 2002, al publicar el libro El malestar en la globalización, el economista y profesor norteamericano Joseph Eugene Stiglitz anticipó, con afirmaciones casi proféticas, la crisis económica, laboral y social que se cerniría sobre las naciones como consecuencia de una globalización mal gestionada.

Además, el texto de Stiglitz —Premio Nobel de Economía 2001— contiene un conjunto de claves para comprender las coyunturas económicas que afrontó el mundo en la última década.

En la edición que publicó la editorial Penguin Random House Grupo Editorial en 2018, Stiglitz escribió una afirmación alarmante sobre la economía estadounidense: “La vida burguesa —un trabajo decente con un salario decente y cierta seguridad, la capacidad de poseer una vivienda y enviar a los hijos a la universidad y la esperanza de una jubilación razonablemente cómoda— parece algo que está cada vez más fuera del alcance de gran parte del país”.

Pero, ¿qué problemáticas alienta la actual economía hegemónica?

La verdad es que, hoy, los beneficiados de la globalización son una minúscula fracción de las élites empresariales y financieras de las economías avanzadas. Una cifra que, según el economista serbio-estadounidense Branko Milanovic, oscila alrededor de un 0,1%.

Lo cierto es que hoy, incluso en los países desarrollados, hay millones de perdedores.

Pero, si Estados Unidos de América —la nación que fijó las reglas de la globalización en el Consenso de Washington— sufre las consecuencias de su invento, en un futuro cercano qué más pueden esperar los países en vías de desarrollo.

Sin duda, en América Latina, la situación tiene matices aún más oscuros.

Si Estados Unidos de América —la nación que fijó las reglas de la globalización en el Consenso de Washington— sufre las consecuencias de su invento, en un futuro cercano qué más pueden esperar los países en vías de desarrollo.

En los países de esta región, las consecuencias de la globalización incluyen: la exacerbada inflación —en especial, en Argentina—, la desbordada precarización laboral, el crecimiento del desempleo, la desigualdad en las rentas, la alta dependencia de las importaciones y la zozobra de quienes se preguntan: ¿me jubilaré?

Es evidente que la globalización falló en cumplir las promesas de empleo y de crecimiento económico. Por ello, ante los juramentos fallidos, desde hace poco, el malestar de la población se exacerbó.

Entre las causas de la cólera, el empleo es, quizá, una de las cuestiones más sensibles para los latinoamericanos.

Por ejemplo, en Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) informó que en julio de 2019 la tasa de desempleo alcanzó el 10,7%, lo cual revela un aumento de un 1% con respecto al mismo periodo de 2018.

Por ello, ante las promesas fallidas de mejorar el bienestar de todos los seres humanos, es clave el mensaje que Stiglitz lanza en el epílogo de su obra, donde exhorta a las naciones a construir una globalización más justa. Pero, ¿será aquello posible?

De otro lado, como lo señaló Stiglitz, la globalización y los organismos económicos no son las únicas fuentes de malestar en lo referente al empleo. Hoy, hay una más: la transformación tecnológica.

Así, en su texto “El impacto de la tecnología en el crecimiento y el empleo” (incluido en el libro La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos, publicado en 2018 por la Fundación BBVA), Adam Saunders —profesor de Negocios de la Universidad de Columbia Británica— señaló que, pese a los beneficios que ha traído la automatización, el progreso tecnológico ha derivado en un “entorno de creciente desigualdad, una clase media decreciente y dificultades a la hora de encontrar empleo”.

Aunque, en su documento, Saunders advirtió sobre la transformación de los mercados laborales por cuenta de la tecnología y la globalización, al menos, en lo referente a la automatización, también señaló que los avances tecnológicos “no nos conducirán, necesariamente, a un mundo utópico o distópico”.

Incluso, hace poco, en el evento ‘Ruta del Desarrollo Sostenible’, Iván Duque Márquez señaló que “el neoliberalismo de los años 90 fracasó porque pretendió que las situaciones sociales se resolvían únicamente con las fuerzas del mercado y con la frialdad tecnocrática”.

Pero, si los líderes políticos son conscientes de las fallas de la globalización, ¿por qué insisten en perpetuar las políticas económicas que han sido una de las fuentes de la coyuntura actual?

Hoy, América Latina arde. ¿Las razones? El fracaso de las promesas proferidas por los promotores de la globalización, la pérdida de empleos por cuenta de la acelerada transformación tecnológica y la acentuada miopía de los líderes políticos y los organismos internacionales —en especial, del Fondo Monetario Internacional — para visualizar respuestas efectivas a las crisis económicas, al creciente desempleo y a la elevada inequidad.

Lo anterior, suscita interrogantes: ¿Qué estrategias está adoptando América Latina para la rápida adaptación de sus economías y de sus fuerzas laborales a este escenario tecnológico? ¿La solución para la reducción del desempleo en América Latina está en precarizar, aún más, las condiciones laborales de la población? ¿Cómo mitigar los daños que la globalización ha ocasionado a la producción nacional de los países latinoamericanos?