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Educación

El poder y la empatía

Por Habemus

Publicado el 29 de Noviembre de 2019.

En 2013, Juan Manuel Santos Calderón dijo: “el tal Paro Agrario Nacional no existe”. Aquella falsa afirmación del entonces presidente, desconectada de la realidad pues negaba la magnitud de la protesta, no es la única de este género en la política colombiana.

Hace poco, Iván Duque Márquez profirió la impopular y desconcertante respuesta: “¿De qué hablas, viejo?”, que el mandatario dio a la pregunta de un periodista sobre los recientes bombardeos del Ejército en Caquetá donde murieron niños, un hecho evidente que produjo indignación en amplios sectores de la sociedad.

Pero, ¿por qué los dirigentes políticos pronuncian estas frases absurdas y descontextualizadas?

Hoy, la falta de escrúpulos y las expresiones desatinadas, que, con frecuencia, son el sello distintivo de los círculos políticos y las élites económicas, tienen una respuesta científica: la ausencia de empatía.

De hecho, en su artículoDo your politics make you more empathetic? —publicado el 14 de noviembre de 2019 en el medio de comunicación estadounidense Vox—, el escritor e ilustrador Ezra Claytan Daniels expresó, a través de una historieta gráfica, una verdad que quizá es incómoda para los líderes políticos: “Entonces, parece que el privilegio constriñe exponencialmente la empatía”.

En efecto, la evidencia científica da respaldo a aquella afirmación. En 2012, en su artículo How wealth reduces compassion —publicado en Scientific American—, la investigadora Daisy Grewal señaló una cuestión que, quizá, muchos intuíamos: “a medida que las personas ascienden en la escalera social, sus sentimientos de compasión hacia otras personas disminuyen”.

A medida que las personas ascienden en la escalera social, sus sentimientos de compasión hacia otras personas disminuyen

Cita extraída del artículo How wealth reduces compassion , de Daisy Grewal.

En su artículo, Grewal reseña un conjunto de investigaciones publicadas por la Universidad de California que confirman la anterior hipótesis. En una de ellas, mientras controlaban la frecuencia cardiaca de los participantes de un estudio, los investigadores les mostraron un video donde aparecían niños que padecen cáncer, y concluyeron que “los participantes con menos ingresos y baja educación, tenían más probabilidades de sentir compasión mientras veían el video”.

Por otra parte, en su artículo científico Higher social class predicts increased unethical behavior —publicado en marzo de 2012 en PNAS—, Paul Piff y colaboradores se preguntaron: ¿Cómo se asocia la clase social con el comportamiento o las acciones poco éticas que dañan a otros y son ilegales o moralmente objetables por la comunidad?

Paradójicamente, las conclusiones del estudio de Piff y colaboradores no dejaron bien paradas a las élites económicas. En esta investigación, los científicos de la Universidad de California hallaron que “los individuos de clase alta son particularmente propensos a valorar su propio bienestar sobre el de los demás y, por lo tanto, pueden tener actitudes más positivas hacia la avaricia”.

Las conclusiones de estas investigaciones fueron la génesis de un sinnúmero de artículos de opinión en medios de comunicación de Estados Unidos. Incluso, en 2012, The New York Times creó un “Room of Debate” con el tema “¿La moralidad tiene lugar en Wall Street?”. En una de las tantas disertaciones sobre esta cuestión, Dacher Keltner —profesor de la Universidad de California, en Berkeley— afirmó que, con frecuencia, la riqueza da lugar a una mentalidad egocéntrica, y a una ideología del interés propio desenfrenado que sirve para su justificación.

Con frecuencia, la riqueza da lugar a una mentalidad egocéntrica, y a una ideología del interés propio desenfrenado que sirve para su justificación.

Fragmento extraído del artículo «Greed on Wall Street Prevents Good from Happening», publicado en The New York Times por Dacher Keltner.

Quizá, en un futuro, los recientes hallazgos de la psicología sobre el privilegio, la codicia y el egocentrismo pueden conducir a que, en la política y la economía, la empatía y la compasión jueguen un rol más protagónico en los liderazgos y en la democracia.

Así, hoy, uno de los desafíos para la psicología y la política es: ¿Cómo cultivar la empatía en los líderes políticos y las élites empresariales?