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Educación

La seguridad alimentaria en Colombia, ¿dependencia o soberanía?

Por Habemus

Publicado el 29 de Octubre de 2019.

En 2015, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) introdujo el concepto “hambre cero”, en el contexto de un programa destinado a erradicarla para el año 2030. Sin embargo, en la batalla contra el hambre brillan un conjunto de interrogantes y contradicciones.

Hoy, la producción mundial de alimentos agrícolas está en su cenit. En efecto, en 2018, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se produjeron 2.586,2 millones de toneladas de comestibles. Pero, ¿la hiperproducción de alimentos es una garantía para la reducción de la malnutrición?

Tristemente, la respuesta a ese interrogante es poco esperanzadora.

En 2018, en el informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y El Caribe” —estudio elaborado por la FAO, la OPS, la WFP y la UNICEF—, admiten que los avances en la erradicación del hambre han sido tímidos. Además, afirman que el hambre ha aumentado por tercer año consecutivo. Así, en la región señalada, la cifra de personas subalimentadas llegó a 39,3 millones.

La situación es paradójica: en algunos países tropicales de Asia y de América Latina, donde la fertilidad de las tierras es superlativa, el hambre pulula.

Los clamores de la ONU para erradicar la pobreza extrema y el hambre, que fue uno de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados en el año 2000, han tenido eco en la formulación de ciertas políticas públicas. Por ejemplo, en Colombia, en 2007, se creó la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (PSAN). Allí, en pocas palabras, la seguridad alimentaria fue definida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos, sin mayores preocupaciones sobre su procedencia.

Sin embargo, María Alejandra Mejía Triana, en su libro La seguridad alimentaria en Colombia: cambios y vulnerabilidades —editado en 2016 por la Universidad Central—, citó a Jorge Enrique Robledo Castillo, quien relacionó la seguridad alimentaria con un término más espinoso: la soberanía. Así, en el libro de Mejía, el concepto es definido como la capacidad de cada país de alimentar con su producción agrícola, ganadera y pecuaria a su población.

Pero, al relacionar la alimentación y la soberanía, la ecuación tambalea ¿La razón? Según Mejía, la desregulación arancelaria y el aumento de las importaciones han conducido a una menor producción nacional, un hecho que ha creado una dependencia riesgosa hacia el mercado externo y un conjunto de vulnerabilidades en términos de seguridad alimentaria.

En el presente milenio, varios académicos han advertido sobre la siguiente problemática: Colombia tiene una alta dependencia de las importaciones agropecuarias.

Uno de ellos es el profesor Darío Fajardo Montaña que, en su libro Para sembrar la paz hay que aflojar la tierra —publicado en 2002 por la Universidad Nacional de Colombia—, afirmó que “las importaciones agrícolas pasaron de representar el 15,5% del PIB, en 1990, al 46,9%, para el año 1997”.

Por otra parte, el profesor Absalón Machado Cartagena, en su libro Ensayos sobre seguridad alimentaria —publicado en 2003 por la Universidad Nacional de Colombia—, afirmó que: “Nuestro aparato productivo alimentario es vulnerable por la importación de insumos para la agricultura, maquinaria y productos básicos de la canasta familiar como el trigo, el frijol y el maíz en épocas recientes”.

Hoy, un amplio abanico de autores coincide en la importancia de fortalecer la seguridad alimentaria a través de la producción de alimentos agrícolas en el territorio nacional, y minimizar la dependencia de las importaciones, para dinamizar la economía, generar empleos, menguar la pobreza y aplacar el hambre. Pero, ¿por qué las políticas en comercio exterior de Colombia siguen fortaleciendo las importaciones?