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El camino hacia la Sierra Nevada de El Cocuy, una aventura en sí misma

Por Habemus

Publicado el 01 de octubre de 2019.

En ruta desde Bogotá y tras cruzar Boyacá, llegamos a la zona rural de Capitanejo, en Santander. Poco antes de llegar al área urbana, nos desviamos a la derecha por un sendero estrecho y pedregoso, en medio de un bosque tropical seco. Nuestro rumbo era El Cocuy —municipio boyacense— y, como destino final, su Sierra Nevada.

Los terruños que circundan el camino hacia El Cocuy son tan solitarios que, en el carro en que nos movilizábamos, nos gustaba fantasear sobre cómo, aquel lugar, serviría de escondite para un prófugo.

Después de varias horas de viaje, nos bajamos del vehículo y, entre los arbustos, nos encontramos a un hombre en compañía de su perro. Con él, sostuvimos una breve conversación sobre los pueblos indígenas que, desde tiempos antiguos, viven al pie de la montaña.

Aquel hombre, desde la cima, nos habló de los pueblos indígenas que, desde tiempos inmemoriales, viven en la base de la montaña.

Con el transcurrir de las horas, el camino hacia El Cocuy se volvió, cada vez más, estrecho y empinado. En ocasiones, desde el carro, los pasajeros observamos con un poco de temor los profundos abismos.

Ya, en El Cocuy —lugar de nacimiento de José Santos Gutiérrez Prieto, presidente de Colombia de 1868 a 1870—, encontramos un pueblo singular: las casas idénticas y, todas ellas, de un color pálido y con puertas verdes.

Y, allí, otro hecho capturó nuestra atención: en la fachada de cada casa, colgaba una bandera blanca.

Más tarde, en el hotel, Álvaro —guía de nuestro recorrido— nos habló de los tres caminos para recorrer la Sierra Nevada de El Cocuy, cada uno con un punto de interés: el Valle de los Frailejones, la Laguna de los Verdes y el Púlpito del Diablo. Así, tras escuchar los consejos de Álvaro, escogimos el primero.

En el centro de la fotografía, a lo lejos, el Valle de los Frailejones.
En la fotografía, el súper páramo, en la Sierra Nevada de El Cocuy.

En la mañana del día siguiente, en la hacienda La Esperanza, en medio de los obstáculos propios de aquellas alturas, iniciamos el ascenso con la esperanza de llegar al borde glaciar. Durante el recorrido por los escarpados caminos, las historias de Álvaro nos arrojaron un poco más de luz sobre la región.

 Una de las historias aconteció cuatro años atrás. En aquel tiempo, los pueblos cercanos a El Cocuy sufrieron terribles vicisitudes económicas a causa del cierre del área protegida. ¿La razón? Una exigencia promulgada en la Resolución 0401 de 2016. En ella, Parques Nacionales Naturales de Colombia resolvió, tras una protesta de la comunidad indígena U’wa, prohibir temporalmente el ingreso de visitantes hasta evaluar el impacto de la actividad turística sobre el ecosistema.

Así, al ritmo de las historias de Álvaro y tras cruzar los obstáculos propios del súper páramo, arribamos con orgullo a Laguna Grande. Allí, luego de cuatro horas de ascenso, nos sentamos a observar, plácidamente, el paisaje en medio de la neblina.

En la fotografía, los coloridos buses de transporte público que movilizan pasajeros desde El Cocuy, en Boyacá, hasta Capitanejo, en Santander.