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Lifestyle

Las carnes rojas, ¿cuáles son sus efectos en la salud pública?

Por Habemus

Publicado el 27 de septiembre de 2019.

Hoy, la producción de carne es cinco veces más alta que a principios de la década de 1960. Pero, ¿qué efectos tiene su consumo masivo en la salud pública y en el medio ambiente?

Evoquemos, por un momento, una bandeja paisa. Un plato antioqueño que contiene: chorizo, carne, chicharrón, arroz, huevo, plátano maduro, arepa, fríjoles y aguacate.

Pero, ¿qué tiene de especial esta cómida típica? Ella es, quizá, uno de los platos de la gastronomía colombiana con más alto contenido proteico, pues reúne dos tipos de carnes rojas.

Las carnes rojas —res, cerdo, caballo, ternero, cordero, cabra, etc.— tienen como característica principal su alto contenido de proteína, hierro y potasio. Debido a ello, estos alimentos han sido parte esencial de la dieta de muchas sociedades. Sin embargo, en los últimos años, el consumo de estos alimentos ha crecido de manera desbordada, quizá por el aumento de la población en nuestro planeta.

Ante este escenario, la investigadora Hannah Ritchie en su artículo “Qué países del mundo consumen más carne (y hay uno de Latinoamérica” —publicado en febrero de 2019 en BBC— anotó que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló que hoy “La producción de carne es cinco veces más alta que a principios de la década de 1960”.

Pero, ¿qué efectos tiene el consumo masivo de carnes rojas en la salud pública y en el medio ambiente?

También, lea el artículo: «Las dietas vegetarianas, ¿recomendables para la salud humana?»

En lo que se refiere a la incidencia que tienen estos alimentos sobre la salud humana, es clave precisar los conceptos de carne procesada y sin procesar. La primera, es la carne transformada con procesos —industriales o artesanales— para mejorar su sabor o su conservación. La segunda, son los cárnicos que no fueron objeto de aquellas operaciones.

Pero, ¿por qué es relevante la anterior precisión?

La importancia reside en los riesgos que existen al consumir uno u otro cárnico. Por ejemplo, en la investigación Diet and colorectal cancer in UK Biobank: a prospective study —financiado por The International Agency for Research on Cancer y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y publicado en abril de 2019 en la Revista Internacional de Epidemiología—, Kathryn Bradbury y colaboradores encontraron que los cárnicos procesados son cancerígenos para los humanos. Así, el consumir con frecuencia al menos 3 lonchas de jamón o tocineta aumenta las posibilidades de padecer cáncer colorrectal en un 20%.

Por otra parte, las carnes rojas sin procesar están clasificadas como posiblemente cancerígenas, pues las evidencias científicas no son contundentes, como sí lo son para las procesadas.

Así, el consumir con frecuencia al menos 3 lonchas de jamón o tocineta aumenta las posibilidades de padecer cáncer colorrectal en un 20%.

Kathryn Bradbury y colaboradores, en la investigación “Diet and colorectal cancer in UK Biobank: a prospective study”.

Sin embargo, en su investigación, Bradbury y colaboradores señalaron que es posible que una de las proteínas que le dan la coloración roja a la carne afecte el intestino al momento de procesar este alimento.

Además de los perjuicios para la salud pública, últimamente se han presentado múltiples discusiones acerca del impacto que el consumo de carnes rojas tiene sobre el medio ambiente. Según los investigadores Juan C. Carmona y colaboradores —en su artículo “El gas metano en la producción ganadera y alternativas para medir sus emisiones y aminorar su impacto a nivel ambiental y productivo”, publicado en 2005 en la Revista Colombiana de Ciencias Agropecuarias—, los estudios de este fenómeno destacan que uno de los factores que incide de manera más perjudicial contra el medio ambiente es la emisión de gas metano producida por la actividad ganadera.

Carmona y colaboradores señalan que los bovinos tienen un sistema digestivo capaz de transformar material fibroso en alimentos de alto nivel nutricional, sin embargo, sostienen que “este mismo sistema digestivo también produce metano, un potente gas con efecto invernadero que contribuye con aproximadamente el 18% del calentamiento global ocasionado por actividades productivas con animales domésticos”.

Este mismo sistema digestivo también produce metano, un potente gas con efecto invernadero que contribuye con aproximadamente el 18% del calentamiento global ocasionado por actividades productivas con animales domésticos.

Juan Carmona y colaboradores, “El gas metano en la producción ganadera y alternativas para medir sus emisiones y aminorar su impacto a nivel ambiental y productivo”.

Otros factores ligados a la actividad ganadera que afectan de manera directa al medio ambiente, según el informe “Climate Change and Land 2019” realizado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), son “el mal manejo de la tierra para la agricultura y la deforestación”. Resaltando que la primera acción tiene como efecto una notable reducción de la capacidad de la Tierra para absorber carbono, mientras que la deforestación es un prerrequisito para que la actividad ganadera se pueda desarrollar.

Para ilustrar lo anterior es clave traer a colación el ejemplo del Estado brasileño, cuya economía en la actual administración está enfocada a “aumentar la productividad de las tierras” que no están siendo usufructuadas, puntualmente la Amazonia. Pero, para realizar dicha actividad productiva, debe deforestar las zonas que van a ser utilizadas para la ganadería, lo que causa un gran desequilibrio en el ecosistema amazónico, ya que reduce la capacidad de absorber el CO2 por parte de los árboles y, además, atenta contra el hábitat de múltiples especies que residen allí.

Finalmente, la redacción de HABEMUS revisó un comparativo del impacto causado al medio ambiente, basado en una dieta que incluya tan solo una porción de 75 gramos (g) diarios de carne de res, pollo o huevos. Según un aplicativo web desarrollado por BBC News Mundo —que aparece en su artículo “Cambio climático: por qué el consumo de carne y lácteos tiene tanto impacto”, publicado en agosto de 2019—, una persona que consume todos los días una porción de 75 g de carne de res aporta al año 2.820 kg de gases de efecto invernadero, lo cual equivale a conducir un automóvil de gasolina por 11.581 km.

Por otra parte, la misma porción pero de pollo —consumida todos los días— produce al año 597 kg en gases de efecto invernadero y, en lo que concierne a ocupación de la tierra, ocupa 616 m2, que son equivalentes a dos canchas de tenis. Por último, el consumo de dos huevos por porción, todos los días, genera 202 kg de emisiones de gases de efecto invernadero al año y ocupa 300 m2 de tierra en su producción.

Por lo expuesto, es claro que el consumo masivo de carnes rojas tiene graves consecuencias sobre la salud humana y el medio ambiente. Resaltando que la ONU ha hecho grandes esfuerzos por difundir información acerca del tema, ¿qué está haciendo América Latina para regular el consumo de carnes rojas?