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La agricultura urbana, ¿una alternativa para fortalecer la seguridad alimentaria?

Por Habemus

Publicado el 27 de noviembre de 2019.

Hace un año, en compañía de Juan, vimos el video de la charla TED “A garden in my apartment”. En aquella breve conferencia, Britta Riley narró la creación de una granja urbana en su apartamento. Para ello, Riley se apoyó en una amplia red colaborativa.

Aquel audaz proyecto nos dio una idea: crear un jardín en nuestra oficina.

Así, aprovechando la minúscula ventana que está junto a la puerta, nos aventuramos a plantar semillas en pequeñas vasijas: de uchuva, de ají, de aguacate y de granadilla.

Un par de semanas más tarde, para el abono de la tierra utilizamos los residuos de té y de café. Posteriormente, dejamos como abono las hojas secas que con el paso de los meses cayeron de las plantas.

Tras un año de su creación, el jardín tuvo pequeños cambios. La uchuva extendió sus hojas a través de las rejillas de la ventana y el ají, quizá como consecuencia del frío, no creció como lo esperábamos. Además, por su tamaño, nos tocó donar el árbol de aguacate.

Aunque las plantas aún no dan frutos, la experiencia con nuestro “jardín de ventana” y la necesidad de conocer los impactos positivos de los huertos urbanos sobre la seguridad alimentaria nos impulsaron a la pregunta: ¿En qué va la agricultura urbana en América Latina?

Hoy, en las políticas agrícolas de un puñado de naciones latinoamericanas, la agricultura urbana es una medida eficaz para garantizar la seguridad alimentaria de sus pobladores.

Un ejemplo de lo anterior está en Agricultura urbana integral: ornamental y alimentaria. Una visión global e internacional, libro coordinado por Julián Briz e Isabel de Felipe y publicado en 2015 por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España. En esta obra, en el capítulo “Agricultura urbana y periurbana en Cuba”, José Antonio Acevedo-Suárez y colaboradores registraron la experiencia de los huertos urbanos en la República de Cuba.

Según Acevedo-Suárez y colaboradores: “Tras la caída de la Unión Soviética y el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, a principios de la década de los 90, Cuba se ve obligada a producir sus propios alimentos como medida para garantizar la seguridad alimentaria”.

Quizá, uno de los ejemplos más emblemáticos de agricultura urbana en América Latina está en la comunidad costera Santa Fe, en La Habana. Allí, según los autores, en 1995, el sector ya tenía 915 huertos que daban trabajo a 400 productores.

Tras la caída de la Unión Soviética y el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, a principios de la década de los 90, Cuba se ve obligada a producir sus propios alimentos como medida para garantizar la seguridad alimentaria.

Extraído de la obra «Agricultura Urbana y Periurbana en Cuba», de José Antonio Acevedo-Suárez y colaboradores.

José Nicolás Gómez Rodríguez, en su tesis de grado Agricultura urbana en América Latina y Colombia: perspectivas y elementos agronómicos diferenciadores —presentada en la Universidad Abierta y a Distancia—, reseña que en 2014 los huertos urbanos proveían el 20% de los alimentos en La Habana.

También, en Argentina, ante la hiperinflación que tuvo lugar a inicios de la década del 2000, hoy se fortalecen los huertos caseros. Allí, según Gómez, en la ciudad de Rosario el Gobierno Nacional, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), creó en 2003 el programa “Huertas Bonaerenses”.

Rosario es una ciudad reconocida a nivel internacional por abanderar la inclusión de la agricultura en sus programas de desarrollo urbano. Teresita Rangel-Dadda, en su trabajo de grado Huertos ecológicos, donde las mujeres florecen —presentado en 2018 en ITESO, México—, anota que en Rosario las experiencias exitosas en torno a la agricultura urbana condujeron a que, durante la década de los 90, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria creara el programa Pro-Huerta, cimentado sobre los principios del comercio justo, la agroecología y la economía social.

También, en Venezuela, ante la superlativa inflación, el bajo poder adquisitivo de las personas y la crisis alimentaria, hoy proliferan los huertos urbanos en Caracas.

Pero, las crisis económicas y la exacerbada inflación no son las únicas razones para la creación de políticas públicas que incluyan los huertos urbanos. Hoy, en espacios intersticiales o públicos se han multiplicado los programas de huertos comunitarios, que hoy resaltan en ciudades prósperas como Portland en Estados Unidos, o Dortmund, Dresden, Döbeln y Arnsberg en Alemania.

Hoy, los huertos urbanos resaltan en ciudades prósperas como Portland en Estados Unidos, o Dortmund, Dresden, Döbeln y Arnsberg en Alemania.

Pero, ¿cómo va la agricultura urbana en Colombia?

En 2015, la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Razón Pública difundieron por YouTube el audiovisual “Agricultura urbana en Bogotá”. De allí, una de las experiencias que cautivó nuestra atención fue la del colectivo “Sembrando Barrio”, un grupo que promueve la intervención del espacio público para la creación de huertos urbanos.

Además, en 2007, el Proyecto 319 en el marco de la programa distrital «Bogotá sin Hambre», ejecutado durante la administración de Luis Eduardo Garzón Lozano y, el Proyecto de Ley 128 de 2010, radicado por Lucero Cortés Méndez en la Cámara de Representantes de Colombia, hacen parte de las pocas acciones para construir una política pública en torno a la agricultura urbana.

Hoy, los huertos urbanos son una apuesta cada vez más frecuente en el contexto internacional. Sin embargo, preocupa que, en Colombia, las comunidades y los colectivos ciudadanos no estén bajo el amparo de una política pública nacional que estimule estos beneficiosos programas.

En este momento, además del desarrollo sostenible y la soberanía alimentaria, hay un sinnúmero de beneficios paisajísticos, lúdicos y sociales que se derivan de la creación de huertos urbanos. Pero, ¿el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural le ha prestado a este tema la importancia que merece?

Hoy, la agricultura urbana es una apuesta cada vez más frecuente en el contexto internacional. Sin embargo, preocupa que, en Colombia, las comunidades y los colectivos ciudadanos no estén bajo el amparo de una política pública que estimule estos beneficiosos programas.