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Lifestyle

Los mitos de las dietas libres de gluten

Por Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

Publicado el 16 de Enero de 2020.

Hoy, gracias a celebridades que padecen la enfermedad celíaca, como el tenista serbio Novak Djokovic o la actriz y cantante estadounidense Gwyneth Paltrow, la visibilidad social de las dietas sin gluten ha aumentado exponencialmente.

Actualmente, la dieta sin gluten es un tema controvertido, de discusión cotidiana, de moda. En España, según revela el periodista Alberto G. Palomo en su artículo “El gran problema de los productos sin gluten del que nadie habla” —publicado en abril de 2018 en el diario El País de España—, en las etiquetas de los productos que se venden en los supermercados aumentan las advertencias en torno a la enfermedad celíaca: “En 10 años, las referencias a esta enfermedad en las etiquetas han pasado de encontrarse en 280 artículos a 1.500”.

Pero, hoy, ¿las dietas sin gluten son el producto de una necesidad o de una moda?

Sin duda alguna, en la actualidad, una de las proteínas que han revolucionado la producción y comercialización de los alimentos es el gluten, conocido por ser uno de los componentes presentes en algunas harinas como el trigo, el centeno y la cebada.

Para empezar, es importante mencionar que, en el mundo, en 2010, había un celíaco por cada 250 habitantes, de acuerdo con lo afirmado por Alejandra Parada y Magdalena Araya en su artículo “El Gluten. Su historia y efectos en la enfermedad celíaca” —publicado en 2010 en la Revista médica de Chile—.

La enfermedad celíaca es un desorden autoinmune intestinal que se produce por la ingesta de la proteína más importante del trigo, la cebada y el centeno: el gluten. Los síntomas más representativos de la enfermedad celíaca se presentan cuando los niños cumplen seis meses y empiezan a incluir cereales en sus dietas. Y a esa edad, comienzan a presentar problemas para ganar peso, sufren anemia, padecen anorexia, entre otros.

En el mundo, en 2010, había un celíaco por cada 250 habitantes.

Fragmento extraído del artículo científico “El Gluten. Su historia y efectos en la enfermedad celíaca”, de Alejandra Parada y Magdalena Araya.

Ahora bien, hasta el momento la única solución que se ha planteado para remediar la enfermedad celíaca es una dieta libre de gluten, que debe perdurar por toda la vida. Sin embargo, hay que aclarar que la dieta libre de gluten consiste en no rebasar un límite de corte que está establecido. Así las cosas, esta dieta no necesariamente está libre de esta proteína.

De acuerdo con señalado por Parada y Araya, una persona del común tiene un consumo diario de 10 a 20 g de gluten, mientras que para un celíaco un consumo de tan solo 1 g diario representaría serias consecuencias para el aparato digestivo. De esta forma, la Comunidad Europea ha considerado que todo alimento que se denomine libre de gluten debe tener otros componentes que remplacen el trigo, el centeno y la cebada y, además, que dichos alimentos deben tener menos de 20 mg de gluten. Sin embargo, esta tasa es aplicada de manera diferenciada en los diferentes países del mundo.

Es necesario recalcar que la demanda de productos libres de gluten ha crecido circunstancialmente en los últimos tiempos. Sin embargo, lo que extraña es el crecimiento en ventas de los productos libres de gluten con respecto al número de celíacos, que, hoy, representa la ínfima cifra del 1% de la población mundial. No obstante, en Estados Unidos al menos el 29% de la población adulta asegura estar tratando de consumir productos que contengan gluten, de acuerdo con lo señalado por la empresa de investigación de mercados DNP.

Entonces, si sólo el 1% de la población mundial padece de celiaquía, ¿por qué los alimentos libres de gluten han ganado tanta popularidad en la última década?

Hoy, gracias a los medios de comunicación y el show-business, las dietas libres de gluten son adoptadas por muchos bajo la premisa de “mejorar su estilo de vida”. Así, los promotores de estas dietas aseguran que el gluten es una proteína que no solo afecta de manera negativa a las personas que padecen de celiaquía, sino que también perjudica a las personas que no la padecen. Sin embargo, hasta el momento, los estudios no avalan esta hipótesis.

Finalmente, llevar una dieta libre de gluten puede tener dos repercusiones importantes para las personas que lo hagan y no padezcan de celiaquía. En primer lugar, los alimentos que poseen estas características suelen tener un precio más elevado y, en segundo lugar, el gluten se debe sustituir en los alimentos con otros componentes que en muchas ocasiones tienen altas cantidades de azúcares y grasas.

Si sólo el 1% de la población mundial padece de celiaquía, ¿por qué los alimentos libres de gluten han ganado tanta popularidad en la última década?

Para ilustrar lo anterior, se trae a colación el caso de una galleta, registrado en el artículo “La injustificada moda de la dieta sin gluten” —publicado en julio de 2015 en BBC—: una galleta corriente con gluten tiene 70 calorías, mientras que la misma galleta libre de gluten puede tener hasta 210 calorías. Por esta razón, Alessio Fasano, director del Centro de Investigación Celíaca en Estados Unidos, afirmó a BBC que probablemente si se empieza una dieta sin gluten lo más posible es subir de peso, lo que es contrario a las creencias populares.

De nuevo, antes de modificar un hábito nutricional, es importante recordar que, un cambio en la alimentación debe ser un ejercicio mediado por la razón y la evidencia científica en lugar de la especulación o la moda.