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Medio Ambiente

Los migración climática, ¿una nueva forma de desplazamiento forzado?

Por Habemus

Publicado el 18 de Junio de 2021.

Durante siglos, las causas para el desplazamiento forzado —han sido en su mayoría— la pobreza, los conflictos armados y la inestabilidad social. Pero, probablemente, en las próximas décadas, una causa más de migración forzada se sumará a la baraja: la vinculada a causas ambientales. Pero, ¿las políticas públicas actuales serán suficientes para gestionar el impacto de la migración climática en un futuro?

“Necesitamos muros de piedra porque el mar entra en nuestra casa” … Esta fue la frase que pronunció un habitante de Kiribatí, en el documental ‘Kiribatí: El Paraíso del Pacífico’ —producido en 2019 por la Deutsche Welle (DW)—. En esta remota nación insular, durante las últimas dos décadas, la marea se ha adentrado en el corazón de la isla y ha llegado a lugares que en otros tiempos eran selva. De hecho, la gravedad de la situación es tal que, en un artículo, la DW se refirió a este país como “la Atlántida del Pacífico”.

Pero, ¿cuánto tiempo más le resta a Kiribati? Este es un interrogante sobre el cual, los habitantes de esta nación insular se cuestionan.

En años recientes, algunas familias solicitaron visados humanitarios a Nueva Zelanda, por desgracia, estos les fueron negados.

Pero, la migración climática no sólo es un problema en la lejana Kiribatí. En los últimos años, en Somalia, la sequía empujó a 870.000 personas fuera de su hogar. Y, probablemente, en los próximos años, los éxodos ambientales se harán cada vez más comunes.

De hecho, en 2018, en el reporte ‘Groundswell: Preparación para la migración climática interna’, el Banco Mundial señaló que, para 2050, en América Latina habría entre 5,8 a 10.7 millones de desplazados por el clima, una cifra superior a la población de Costa Rica.

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En el informe ‘El desplazamiento causado por la emergencia climática’, La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) señaló que, «más de mil millones de personas viven en países con alta exposición a los peligros relacionados con el clima, y es limitada su capacidad de recuperación cuando ocurre un desastre». De hecho, en 2019, aproximadamente el 95% de los desplazamientos por desastres fueron provocados por fenómenos meteorológicos —en particular, tormentas e inundaciones—.

Hoy, el concepto de ‘migrante climático’ todavía es mirado con extrañeza, pues, durante siglos, las causas del desplazamiento forzado —han sido en su mayoría— la pobreza, los conflictos armados y la inestabilidad social.

Pero, en las próximas décadas, una causa más se sumará a esta baraja: la vinculada a causas ambientales.

En 2018, el Banco Mundial señaló que, para 2050, en América Latina habría entre 5,8 a 10.7 millones de desplazados por el clima, una cifra superior a la población de Costa Rica.

De hecho, en pocos años, según las proyecciones del Banco Mundial, la migración climática se convertirá en un desafío para América Latina. Pero, ¿las organizaciones gubernamentales se están anticipando a diseñar políticas públicas para gestionar este problema?

Años atrás, el concepto de ‘refugiado climático’ era casi desconocido en la literatura científica. Incluso, hoy, el término no está respaldado por la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). De hecho, con frecuencia, según las autoridades, los migrantes ambientales no reúnen las condiciones para encajar en la categoría de refugiado, y por tanto no son titulares del derecho a la protección internacional.

Pero, ¿por qué un migrante ambiental no cumple los requisitos para alcanzar el estatus de refugiado?

Según la ACNUR, los refugiados son personas que se encuentran fuera de su país de origen por temor a la persecución, al conflicto, a la violencia generalizada, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público y, en consecuencia, requieren protección internacional.

Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) definió el término ‘migrante’ como, aquel individuo que “ha residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado”.


También, lea el artículo: «La batalla entre los humanos y los mosquitos».


Pero, ¿cómo han avanzado los instrumentos jurídicos que protegen a los migrantes ambientales en América Latina?

En el artículo ‘Refugiados ambientales. Una propuesta de protección a los desplazados trasnacionales por motivos ambientales en América Latina’, Beatriz Eugenia Sánchez Mojica advirtió que, en Latinoamérica se han diseñado medidas de carácter transitorio para gestionar los flujos migratorios tras ciertas catástrofes naturales como el huracán Mitch —en 1998— y el terremoto en Haití —en 2010—. Sin embargo, pese a los avances, la autora resumió la postura política de América Latina sobre esta cuestión en las siguientes palabras: “tradicionalmente, las migraciones de origen climático no han sido motivo de preocupación para los países de la región”.

Hoy, las normas que regulan el asilo y el refugio en América Latina son la Convención del Estatuto del Refugiado de 1951, su Protocolo Adicional de 1967 y la Declaración de Cartagena.

De hecho, en línea con lo expresado por Sánchez Mojica, el Banco Mundial señaló que existe una necesidad urgente de que los países integren la migración climática en los planes nacionales de desarrollo.

Hoy, en algunos países de América Latina, los migrantes ambientales tienen derecho a medidas de protección complementaria, es decir, figuras legales que permiten regularizar la permanencia de personas que no son reconocidas como refugiadas, un ejemplo de ello son los visados humanitarios temporales. De hecho, hasta mayo de 2020, siete países de Latinoamérica habían incluido dentro de su régimen migratorio este tipo de figuras.

Aunque, la mayoría de las naciones en la región tienen leyes, políticas y estrategias para abordar esta cuestión, en un futuro cercano, ellas serán insuficientes para hacer frente a los flujos migratorios, cada vez más grandes, provocados por las catástrofes medioambientales.

Tradicionalmente, las migraciones de origen climático no han sido motivo de preocupación para los países de la región.

‘Refugiados ambientales. Una propuesta de protección a los desplazados trasnacionales por motivos ambientales en América Latina’, Beatriz Eugenia Sánchez Mojica.

En efecto, en el especial ‘La Gran Migración Climática’ —publicado en 2020 por The New York Times—, Abrahm Lustgarten resumió la magnitud de este problema en cuatro escenas: “Hoy, el 1% del mundo es una zona caliente no habitable … Para el 2070, esta cifra podría subir al 19% … Hoy, miles de millones de personas llaman hogar a esta tierra … ¿A dónde irán?”

Finalmente, ante estas preocupantes cifras, es necesario preguntar de nuevo, ¿las figuras de protección complementaria serán suficientes para gestionar los flujos migratorios en el futuro?