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Negocios

América Latina, ¿una víctima del analfabetismo financiero?

Por Habemus

Publicado el 29 de Enero de 2020.

Hace poco, a través de un comunicado de prensa, se divulgó una noticia previsible: la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantía (Asofondos) anunció que, en 2019, por cada 100 COP que los empleadores consignaron de cesantías, los empleados gastaron 86 COP.

Según Asofondos, la terminación del contrato laboral fue la razón capital que llevó a los colombianos a retirar sus cesantías en 2019. En el curso del año pasado, retiraron $2 billones, un 11,7% más que en 2018.

Por supuesto, el anuncio de Asofondos era previsible, dado que en Colombia, en noviembre de 2019, según el DANE, el desempleo llegó a la escandalosa cifra de 9,3%.

No obstante, para una fracción de la población que quedó desempleada en 2019, las cesantías fueron un amortiguador financiero para superar las vicisitudes económicas y las coyunturas laborales en el corto plazo.

Hoy, dada la altísima informalidad laboral y el no acceso a cesantías, surge una pregunta: ¿El ahorro individual es una práctica usual en América Latina?

En 2016, en el prefacio del libro Ahorrar para desarrollarse —editado por Eduardo Cavallo y Tomás Serebrisky, y publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)—, Luis Alberto Moreno, Director del BID, confirmó un hecho que quizá muchos intuíamos: América Latina y el Caribe ahorran poco, entre un 10% y un 15% del producto interno bruto (PIB) menos que los países más dinámicos de Asia emergente.

En este libro, en su capítulo “El ahorro empieza por casa” —escrito por la investigadora peruana Verónica Frisancho—, la autora se pregunta: “¿Por qué los hogares ahorran —o no— y cómo lo hacen?”.

Un par de párrafos más adelante, Frisancho concluye que las respuestas a ese interrogante reposan en la conflictiva interacción que el sistema financiero tiene con los ahorradores individuales, pues el argumento de “la falta de dinero” no basta para explicar el casi nulo hábito del ahorro de los habitantes de América Latina y el Caribe.

Así, entre los numerosos obstáculos que presenta el sistema financiero, Frisancho destaca uno: con frecuencia, para los ahorradores que depositan su dinero en una entidad bancaria, los costos superan con creces los retornos ofrecidos por las empresas financieras.

El argumento de “la falta de dinero” no basta para explicar el casi nulo hábito del ahorro de los habitantes de América Latina y el Caribe.

Pero, los bajos rendimientos financieros y los altos precios de las transacciones no son las únicas barreras que minan las relaciones entre el sistema bancario y los potenciales ahorradores.

Por otra parte, según Frisancho, otra barrera que socava el ahorro en Latinoamérica es la “falta de confianza” de los ciudadanos en la banca. Pero, ¿cuál es la razón?

Los economistas han formulado una hipótesis sobre la razón que justifica la “falta de confianza” de los ahorradores en las entidades bancarias: la analfabetización financiera.

Por ejemplo, en su artículo Financial Education in Latin America and the Caribbean: Rationale, Overview and Way Forward —publicado en 2013 por OECD Publishing—, Nidia García Bohórquez y colaboradores, basados en la información de siete países de América Latina (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Perú y México), concluyeron que “existe una ignorancia generalizada por parte de la población con respecto a las finanzas básicas, en conceptos tales como la inflación, las tasas de interés, la relación entre riesgo y recompensa, y el funcionamiento de los mercados de capitales”.

Existe una ignorancia generalizada por parte de la población con respecto a las finanzas básicas, en conceptos tales como la inflación, las tasas de interés, la relación entre riesgo y recompensa, y el funcionamiento de los mercados de capitales.

Fragmento extraído del artículo científico Financial Education in Latin America and the Caribbean: Rationale, Overview and Way Forward de Nidia García Bohórquez y colaboradores.

Precisamente, la precaria educación financiera de los ahorradores es la hipótesis que ha servido a los economistas para explicar las bajas tasas de ahorro en Latinoamérica. 

En efecto, en su artículo “El ahorro en la carencia. Una reflexión sobre los hábitos de ahorro en familias de una zona vulnerable de México” —publicado en 2017 en la Revista Perspectivas—, José Carlos Vázquez Parra y colaboradores señalaron una encuesta donde se concluye que, en caso de tener un ingreso adicional, el 86,46% de los encuestados lo destinarían al consumo y solo el 16% al ahorro.

Sin embargo, en el análisis de los resultados de este estudio empírico, Vázquez y colaboradores señalaron que sería un error afirmar que la falta de hábitos de ahorro en América Látina solo se explica por la carencia de educación financiera. Por ejemplo, ya en su estudio “Psychology and Economics: Evidence from the Field” —publicado en 2007 en Journal of Economic Literature—, Stefano Della Vigna señaló cómo los rasgos psicológicos (como el autocontrol, la aversión al riesgo y las preferencias sociales) influyen en las decisiones financieras. Y afirmó, por ejemplo, que “si una parte de la población posterga el ahorro para la jubilación, la tasa de ahorro agregada reflejará proporcionalmente el déficit de este grupo”.

Una cuestión que preocupa, pues, sin duda, el ahorro es un trampolín para el crecimiento y la estabilidad económica, tanto en el ámbito individual como en la esfera económica nacional. 

Así, lo señalado hasta aquí, suscita un conjunto de preguntas.

La primera: hoy, la evidencia sugiere que entre las políticas públicas más eficaces para aumentar el hábito del ahorro está la disminución de los costos transaccionales. Años atrás, la reducción de los costos bancarios condujo a una sucesión de experiencias exitosas en relación con el incremento de la tasa de ahorro en Nepal, Kenia y Filipinas. Pero, para reducir costos a los ahorradores, ¿los gobiernos de Latinoamérica y el sistema bancario han hecho lo suficiente?

La segunda: ¿El sector privado y las políticas públicas han proporcionado herramientas económicas que faciliten la inclusión financiera?

Y, la tercera: ¿En qué van los esfuerzos de los gobiernos de América Latina y el Caribe para crear estrategias nacionales que promuevan la educación financiera y, en especial, promocionen el ahorro?