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Negocios

El internet, ¿el cómplice de la procrastinación y la baja productividad?

Por Redacción Habemus

Publicado el 24 de septiembre de 2019.

En febrero de 2016, en la charla TED Inside the mind of a master procrastinator, Tim Urban describió los obstáculos para la conclusión de su tesis de grado. Con la fecha de entrega cerca, y tras posponer por meses las labores trazadas en el cronograma de trabajo, para el blogger solo quedó una opción: escribir 90 páginas en 72 horas.

Aunque Urban entregó el trabajo en la fecha límite, “la tesis de grado fue un desastre mayúsculo”.

Pero, ¿qué es la procrastinación?

En pocas palabras, en los textos científicos la procrastinación es descrita como la postergación voluntaria de una tarea urgente. Además, según las experiencias de Urban, una de las distracciones capitales para un procastinador es YouTube.

Lo anterior, nos conduce a preguntar: ¿La conectividad es una amenaza para la productividad?

En su artículo In Praise of Being Unproductive —publicado en 2019 en Harvard Business Review—, JM Olejarz señaló que “los dispositivos que amamos están llenos de distracciones coloridas, que, con frecuencia, nos tientan a hacer scroll un poco más”.

Además, según Olejarz, no hay que olvidar una cuestión de capital importancia: las compañías tecnológicas crean los objetos electrónicos y las interfaces digitales para ser adictivos.

La preocupación sobre la relación entre la conectividad, la procrastinación y la productividad es una cuestión tan candente que, en los últimos años, se han multiplicado las investigaciones científicas sobre el tema.

Según Olejarz, no hay que olvidar una cuestión de capital importancia: las compañías tecnológicas crean los objetos electrónicos y las interfaces digitales para ser adictivos.

Una de ellas fue la tesis de grado: Procrastinación, adicción al internet y rendimiento académico de estudiantes universitarios ecuatorianos —publicada en 2017 en la revista Estudios Pedagógicos—. En este texto, Carlos Ramos-Galarza y colaboradores concluyeron que hay una correlación directamente proporcional entre la postergación académica y la adicción a internet.

Sin embargo, a diferencia de la conclusión de Ramos-Galarza y colaboradores, en el artículo The Relationship Between Trait Procrastination, Internet Use, and Psychological Functioning —publicado en junio de 2018 en la revista Frontiers in Psychology— Leonard Reinecke y colaborados afirmaron que la procrastinación está relacionada con la salud mental, por ejemplo: con el estrés, la depresión, la ansiedad, la fatiga y la reducción de la satisfacción con la vida. A pesar de ello, los autores reconocieron que la interacción social en línea es una actividad alternativa tentadora para los postergadores académicos.

En textos científicos, la procrastinación es descrita como un comportamiento que es resultado de una suma de factores psicológicos y sociales. En la última década, varios científicos han coincidido en calificar las actividades en línea y la promesa de gratificación instantánea, como una mayúscula tentación para los “procrastinadores”, pues, con frecuencia, ellos encuentran en el internet un océano de distracciones para elevar su estado de ánimo, en especial, cuando se enfrentan a una labor difícil.

Aunque las redes sociales, los medios digitales y los juegos en línea no son una causa per se de la procrastinación, su uso inadecuado no solo es una amenaza para la productividad organizacional, también lo es para el bienestar psíquico.

Hoy, un conjunto de personalidades han ideado un abánico de estrategias para construir una relación saludable entre el individuo y el internet, no solo en beneficio de la productividad, sino también, en especial, en pro de la salud mental.

Aunque las redes sociales, los medios digitales y los juegos en línea no son una causa per se de la procrastinación, su uso inadecuado no solo es una amenaza para la productividad organizacional, también lo es para el bienestar psíquico.

En su libro 24/6, Tiffany Shlain —fundadora de los Premios Webby— presentó un plan para sobrevivir a la cultura hiperconectada de hoy. Siguiendo el ejemplo de su herencia judía, Shlain sugirió un “Shabat tecnológico”: un día a la semana sin pantallas ni dispositivos.

Por otra parte, Nic Voge —director de programas del Centro de Aprendizaje McGraw de la Universidad de Princeton— señaló tres estrategias para romper el ciclo de la procrastinación.

La primera: identificar por qué y cuándo se posterga, pues, cuanto más conocimiento tenga un individuo sobre sus tendencias y sus motivaciones, es más probable que las supere. La segunda: evitar idear argumentos que sirvan como justificación para eludir las labores urgentes. Y, la tercera: socavar las ideas que llevan a posponer las tareas.

Finalmente, lo hasta aquí expuesto nos suscita un interrogante: en la cultura organizacional y en los hábitos individuales, ¿el uso de la conectividad está cimentado sobre una visión que está en pro de la productividad y la salud mental?