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Negocios

El lado oscuro de la gig economy

Por Habemus

Publicado el 08 de Octubre de 2019.

La gig economy se refiere a un mercado laboral flexible, en el que prevalecen los contratos a corto plazo, en lugar de las relaciones laborales tradicionales.

Hace poco en Bogotá, mientras comíamos un sándwich, distinguimos a lo lejos dos curiosos pisos de oficinas. Al observar con atención una de las oficinas, vimos que en su interior había un bar y, al frente, unos muebles que parecían ser escritorios de trabajo.

Pero, ¿qué era aquel lugar? Pronto, hallamos la respuesta.

De la esquina de aquel edificio pendía el letrero WeWork. Pronto, nuestra curiosidad cobró sentido. WeWork es una compañía estadounidense cuyo negocio es la renta de espacios para el trabajo. Desde hace un lustro, la empresa fue valorada en más de un billón de dólares por la firma de investigación CB Insights. Con ello, la start-up ingresó al listado de “The Global Unicorn Club”.

Hoy, por la alta rentabilidad que le entrega al propietario y por ser una alternativa espacial muy práctica para el usuario, este tipo de negocios se extienden de manera arrolladora. El consultor de negocios Larry Alton, en su artículo The Rise of the Coworking Space in the Gig Economy -—publicado en junio de 2019 en Inc. Magazine—, afirmó que en 2018 se abrieron 2.188 nuevos espacios de coworking en todo el mundo. De ellos, 1.000 estaban en Estados Unidos.

La proliferación de los espacios de coworking, según las observaciones de Alton, es un boom que inició con la emergencia de la gig economy. También, es llamada “economía del trabajo esporádico”.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno?

La respuesta a este interrogante está en el artículo Workers in the gig economy, publicado en julio de 2017 por la Universidad de Tilburg. En él, sus autores —Fotis Bregiannis y colaboradores— afirmaron que esta modalidad de trabajo es un fenómeno que comenzó a mediados de la década del 2000, y se refiere a un mercado laboral flexible, en el que prevalecen los contratos a corto plazo, en lugar de las relaciones laborales tradicionales.

La proliferación de los espacios de coworking, según las observaciones de Alton, es un boom que inició con la emergencia de la gig economy. También, es llamada “economía del trabajo esporádico”.

Según Jooble —un marketplace para la gig economy—, entre 2003 a 2013, Estados Unidos experimentó un crecimiento mayúsculo de los empleos no patronales, en especial, en sectores como el diseño, la informática, la tecnología, y los medios de comunicación.

Sin embargo, pese a la flexibilidad que suponen las modalidades de trabajo nacidas de la gig economy, la incertidumbre frente al futuro y los pocos beneficios de los que gozan los trabajadores en lo que respecta a los seguros de salud, los fondos de jubilación y las vacaciones pagas, son —sin duda— cuestiones que preocupan a los organismos internacionales.

Ante este sombrío panorama, en 2017 en la nota informativa “La calidad del trabajo en la economía de plataformas”, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que, “a pesar del potencial de las plataformas de trabajo colaborativo para proporcionar oportunidades de empleo, hay una serie de inquietudes relacionadas con la poca claridad de la situación en el empleo, el trato injusto, los bajos ingresos, los impagos, la falta de protección social y la falta de voz de los trabajadores”.

Pero, la economía del trabajo esporádico no es un fenómeno propio de Estados Unidos, pues desde hace años es cada vez más común en Latinoamérica.


También, lea el artículo: : «Los NINI: desafíos y posibles soluciones para Latinoamérica»


Por ejemplo, en países como Colombia, los contratos de prestación de servicio —regulados en el Artículo 1495 del Código Civil— y las plataformas digitales han acelerado el crecimiento de la gig economy en el país.

En el video Gigged: The End of the Job and the Future of Work —publicado en noviembre de 2018 por Talks at Google—, la periodista Sarah Kessler expuso las historias y la frustración de un grupo de freelancers ante la precarización laboral y la poca protección legal.

Sin embargo, esa problemática tiene matices más sombríos en América Latina.

Por ejemplo, en Colombia, la prensa nacional ha retratado la preocupante situación en titulares como: “Sólo uno de cada tres jóvenes logrará una pensión en la vejez: Fasecolda” —noticia de la periodista Martha Olaya, publicada en julio de 2019 en el portal RCN Radio—, “Cada vez son más los colombianos que no cotizan pensión” —noticia publicada en abril de 2019 en la plataforma digital de Conexión Capital—, y en el artículo “¿Podrían salvar los jóvenes al sistema pensional?” —publicado en mayo de 2018 en Dinero.com—.

Lo anterior, nos suscita un par de preguntas. La primera: ¿Acaso, con la gig economy, estamos ante una avalancha de informalidad disfrazada? La segunda: ¿En América Latina, los gobiernos están trabajando en la creación de marcos legales para proteger los derechos de los trabajadores que viven de la economía del trabajo esporádico?

¿Acaso, con la gig economy, estamos ante una avalancha de informalidad disfrazada?

Finalmente, y relacionado con el contexto educativo, es pertinente presentar un interrogante que aparece en el artículo de Diane Mulcahy: Universities Should Be Preparing Students for the Gig Economy —publicado en octubre de 2019 en Harvard Business Review—, y que también es válido para América Latina.

En el texto, Mulcahy señaló que aproximadamente entre el 30% al 40% de la fuerza laboral de los EE.UU. pertenece a la gig economy, y se preguntó: ¿Qué tan bien preparan las universidades a los estudiantes para trabajar en la economía del trabajo esporádico?