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Negocios

En Colombia, el crowdfunding no es color rosa

Por Redacción Habemus

Publicado el 10 de septiembre de 2019.

A finales de 2017, Miles McMullan y Rey Naranjo Editores unieron fuerzas para lograr un objetivo común: la publicación de la obra Field Guide to the Birds of Colombia, la más extensa guía de avifauna en el país.

Para la publicación de este libro, iniciaron una campaña de crowdfunding en Indiegogo —plataforma electrónica estadounidense para la recaudación de fondos—. La meta de aquella empresa fue recolectar 10.000 USD.

Pero, la fascinación con la “financiación colectiva” no es nueva. Desde hace una década, el micromecenazgo —crowdfunding— es una estrategia común entre las start-ups, en especial, entre los emprendedores del sector tecnológico. En Estados Unidos, Nomatic, Tinkerbots y Hexoskin son referentes de éxito en lo que respecta a la microfinanciación.

Sin embargo, en lo referente al crowdfunding, no todo es color rosa. Por ejemplo, Indiegogo cobra una comisión que oscila entre el 5% y el 8% de lo recaudado, Kickstarter entre el 3% y el 5% y Patreon se queda con el 5%.

Por ejemplo, Indiegogo cobra una comisión que oscila entre el 5% y el 8% de lo recaudado, Kickstarter entre el 3% y el 5% y Patreon se queda con el 5%.

Por otra parte, en la serie The Making de The Verge, en el video The dark side of crowdfunding, Ashley Carman expuso los problemas a la hora de la creación de gadgets cuya financiación proviene del micromecenazgo. Según Carman, uno de los líos más comunes es que, con frecuencia, los inversores terminan con las manos vacías.

Por ello, antes de lanzarse a una aventura de micromecenazgo en Colombia, las start-ups deben interrogarse sobre una cuestión: ¿Qué barreras legales y qué obligaciones tributarias existen en el país para las campañas de crowdfunding?

Por algunos años, en Colombia, el micromecenazgo permaneció sin regulación financiera. Sin embargo, un conjunto de hechos capturó la atención del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MinHacienda). Dos de ellos fueron citados en 2016 por César Rentería Marín en su informe técnico “Las plataformas de crowdfunding en América Latina”. En este documento Rentería señaló que, en 2012, en Estados Unidos la microfinanciación tuvo “una tasa anual de crecimiento de 105%” y canalizó “un financiamiento total de 1,6 mil millones de dólares”.

Ante las perspectivas internacionales, en julio de 2018, el MinHacienda expidió el Decreto 1357, para la regulación financiera del crowdfunding.

Desde aquel entonces, en Colombia, las entidades facultadas para crear plataformas electrónicas para el crowdfunding son: las sociedades anónimas, las bolsas de valores y los sistemas de negociación de valores. Ellas, están bajo la vigilancia de la Superintendencia Financiera.

Por otra parte, según la Asociación Española de Crowdfunding, hay cuatro tipos de micromecenazgo de acuerdo a la contraprestación que reciben los aportantes: por acciones, por crédito, por donaciones o por recompensas. En Colombia, quizá, por los riesgos de lavado de activos y por los temores para el mercado de capitales, el MinHacienda enfocó el Decreto 1357 en regular el crowd-equity y el crowd-lending,y dejó de lado, en parte, las otras variedades de micromecenazgo.

Por ello, antes de iniciar una campaña de microfinanciación basada en donaciones o en recompensas, los founders deben tener en cuenta un par de cuestiones adicionales.

La primera tiene que ver con el ámbito de aplicación territorial que dispone el Decreto 1357: “Las disposiciones previstas […], no resultan aplicables a las actividades que realicen los residentes colombianos en entidades o plataformas de financiación colaborativa o decrowdfunding domiciliadas en el extranjero”.

La segunda es que, según la suma recaudada y la razón social del founder, es una posibilidad que, las campañas de crowdfunding deban pagar el Impuesto sobre la Renta o, el de Ganancia Ocasional, que corresponde al 10%.

Así, en ciertos casos, los emprendedores que consideren el micromecenazgo como una vía de financiación, deben tener en consideración que los impuestos, las comisiones y las tasas bancarias se llevarán una suma que oscila entre el 15% y el 18% del dinero recaudado.

En ciertos casos, los emprendedores que consideren el micromecenazgo como una vía de financiación, deben tener en consideración que los impuestos, las comisiones y las tasas bancarias se llevarán una suma que oscila entre el 15% y el 18% del dinero recaudado.

Pero, hay un obstáculo más: la burocracia bancaria. En su artículo “El viacrucis de hacer ‘crowdfunding’ en Colombia” —publicado en agosto de 2015 en El Espectador—, la dibujante Lizeth León explicó las dificultades a las que fue sometida por Bancolombia para legalizar el dinero recaudado a través de una campaña de micromecenazgo. Un caso similar le ocurrió al músico Nicolás Ospina con Davivienda.

Ante este escenario, cabe preguntar: ¿Por qué el Estatuto Tributario y el Decreto 1357 no consideraron los casos en los que el crowdfunding sirve para la financiación de industrias culturales, causas sociales y entidades sin ánimo de lucro? ¿Está el sistema bancario preparado para los desafíos que supone la financiación colectiva en Colombia?