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Negocios

La contratación por horas, ¿un trampolín para la precarización laboral o una solución para la reducción del desempleo?

Por Habemus

Publicado el 13 de Febrero de 2020.

Hace poco, la entonces ministra del Trabajo, Alicia Arango Olmos, fue objeto de una lluvia de críticas y de memes por parte de los internautas. Pero, ¿cuál fue la razón? En una entrevista con Juan Roberto Vargas Vera —director de Noticias Caracol—, la funcionaria pública anticipó el borrador de una reforma laboral que, entre varios temas controversiales, incluiría una espinosa cuestión: la contratación laboral por horas.

En la conversación, Arango Olmos afirmó que “Colombia tiene que cambiar la forma de contratar”. Y, es que, por lo general, los defensores de esta postura esgrimen un argumento: la flexibilización laboral conducirá al aumento de la productividad y a la reducción del desempleo de la nación.

Sin embargo, poco después de la polémica, la redacción económica del diario El Tiempo —en su artículo “Contratación laboral por horas, ¿para qué serviría?”, publicado el 5 de febrero— formuló un conjunto de pertinentes interrogantes de orden social y económico sobre el tema, como: “¿es pauperizar el salario o es un impulso a la productividad?, (…) ¿cómo se cotizaría a pensiones en un trabajo por horas?, ¿ganaría más el trabajador?, ¿qué pasaría con su tiempo libre para una mejor calidad de vida?”.

Tras el escándalo en redes sociales, la Redacción Habemus se planteó un par de interrogantes sobre el tema: ¿cuál es contexto nacional y mundial en el que se enmarca la polémica? Y, ¿cuáles son los referentes internacionales en lo que respecta a la contratación por horas?


Acto 1. En el último año, ¿cuáles han sido las propuestas para la reducción del desempleo en Colombia?

En septiembre de 2019, en su artículo “La paradoja del crecimiento (lento) con destrucción de empleo” —publicado en el diario El Espectador—, Jaime Tenjo Galarza —PhD en Economía de la Universidad de Toronto— señaló una paradoja: en Colombia, aunque la economía crece, el empleo disminuye.

Poco antes de la publicación de este artículo de opinión, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) había informado que en julio de 2019 la tasa de desempleo fue de 10,7%, un hecho que supuso un aumento de un 1% con respecto al mismo periodo de 2018.

Desde aquel entonces, uno de los retos mayúsculos para el gobierno de Iván Duque Márquez ha sido la reducción del desempleo.

Sin embargo, las propuestas de los gremios y del Ministerio del Trabajo para la disminución de la cifra han sido impopulares.

Quizá, una de las más recordadas fue la proposición de Sergio Clavijo Vergara, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), que en octubre de 2019 le propuso al Gobierno que activara, mediante un decreto, un sistema de contratación para jóvenes menores de 25 años, en el que ellos tendrían un salario diferencial que, para este caso, sería el 75% de un salario mínimo.

Posteriormente, en febrero del presente año, en la entrevista con Vargas Vera, Arango Olmos señaló que, en el marco de una futura reforma laboral, el Ministerio del Trabajo llevará a una mesa de concertación la cuestionada contratación por horas.

Sin embargo, quizá, la premura por hallar fórmulas para la reducción inmediata del desempleo ha desviado la atención de un importante interrogante: ¿por qué está creciendo la destrucción de empleos en Colombia?

En su artículo, Tenjo Galarza planteó dos hipótesis: la primera, la creciente automatización y, la segunda, la reducción de los empleos en el sector público, que en su mayoría son producto de recortes fiscales.

Respecto a la primera hipótesis, en su texto “El impacto de la tecnología en el crecimiento y el empleo” (incluido en el libro La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos, publicado por la Fundación BBVA), Adam Saunders —profesor de Negocios de la Universidad de Columbia Británica— señaló que, pese a los beneficios que ha traído la automatización, el progreso tecnológico ha derivado en un “entorno de creciente desigualdad, una clase media decreciente y dificultades a la hora de encontrar empleo”. Pero, ¿qué estrategias está adoptando Colombia para la rápida adaptación de su economía y de sus fuerzas laborales ante este nuevo escenario tecnológico?


Acto 2. El lado oscuro de la gig economy, ¿la flexibilización del mercado laboral ha sido beneficiosa para los trabajadores?

Colombia no es la única nación que hoy enfrenta retos en materia de legislación laboral. En efecto, la contratación por horas es solo la punta del iceberg de un fenómeno de gigantescas proporciones: la gig economy.

Pero, ¿qué significa aquel término?

La respuesta a este interrogante está en el artículo Workers in the gig economy, publicado en julio de 2017 por la Universidad de Tilburg. En él, sus autores —Fotis Bregiannis y colaboradores— afirmaron que esta modalidad de trabajo es un fenómeno que comenzó a mediados de la década del 2000, y se refiere a un mercado laboral flexible, en el que prevalecen los contratos a corto plazo, en lugar de las relaciones laborales tradicionales.

Además, en su informe “Las plataformas digitales y el futuro del trabajo: Cómo fomentar el trabajo decente en el mundo digital” —publicado en abril de 2019 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)—, Janine Berg y colaboradores advirtieron sobre los riesgos para los empleados que obtienen sus ingresos de las plataformas digitales —una modalidad de trabajo que se conoce como crowdwork—.

Durante las últimas décadas, las transformaciones en el mercado laboral por cuenta de las nuevas tecnologías y las crisis económicas, han dado paso a un abanico de formas atípicas de empleo.

En 2016, en su artículo científico The rise of the ‘just-in-time workforce’: On-demand work, crowdwork and labour protection in the ‘gig-economy’ —publicado por la OIT—, el profesor Valerio De Stefano se ocupó de analizar los riesgos y las oportunidades que trae consigo “la economía del trabajo esporádico” desde la perspectiva de la protección laboral.

En efecto, en el texto, De Stefano advirtió que casi ningún contacto humano ocurre en la mayoría de las transacciones de trabajo colectivo, una cuestión que contribuye a la creación de “trabajadores invisibles”.

Precisamente, este fenómeno ha creado una deshumanización laboral, con un sinnúmero de implicaciones. Pero, ¿cuáles son las consecuencias que ha tenido la gig economy para esta horda de trabajadores invisibles?

Es conocido que una de las facetas oscuras de este género de vinculación laboral es que, a través de ella, el contratante evade una vasta serie de obligaciones relacionadas con los derechos y las garantías laborales, que en ocasiones incluyen: el incumplimiento en el pago del salario mínimo, la no contribución a la seguridad social, la no regulación contra la discriminación y el no pago de incapacidades y de días festivos.

Ante el oscuro horizonte, una de las recomendaciones de De Stefano fue “la creación de políticas públicas destinadas a mejorar la protección de los trabajadores que obtienen sus ingresos de formas no convencionales de empleo”.

Sin embargo, ante las perspectivas planetarias, ¿en Colombia, el Ministerio del Trabajo está brindando protección legal a los trabajadores que dependen económicamente de formas de vinculación laboral no convencionales?


También, lea el artículo: «El lado oscuro de la gig economy»



Acto 3. La contratación por horas, la experiencia de Reino Unido

En algunas naciones, la hiperflexibilización del mercado laboral ha dado paso a polémicas figuras de contratación por horas. De ellas, quizá, el ejemplo más controversial es el zero-hours contract en Reino Unido.

Según The Advisory, Conciliation and Arbitration Service (ACAS), el zero-hours contract es un tipo de contrato entre un empleador y un trabajador, en el que, la parte contratante no está obligada a proporcionar un mínimo número de horas de trabajo.

Al respecto, en su artículo The bullying and fear at the heart of zero-hour contracts —publicado en marzo de 2017 en el diario británico The Guardian—, el periodista Martin Williams denunció la ausencia de garantías laborales, el matoneo y las vejaciones a las que están sometidos los empleados contratados bajo la figura legal de los ‘contratos de cero horas’ en Reino Unido.

Pero, ¿qué dicen los organismos internacionales sobre la temporalidad laboral y este género de contratos?

Hace poco, en su informe “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2020”, la OIT afirmó que la prevalencia de los contratos temporales de corta duración puede exacerbar la sensación de inseguridad de los trabajadores, aumentando la volatilidad de sus ingresos y frustrando sus carreras profesionales.

Incluso, en una frase, Guy Ryder —Director General de la OIT— resumió el actual horizonte laboral: “hoy, para millones de personas comunes es cada vez más difícil construir vidas mejores basadas en sus trabajos”.

Tristemente, para los empleados que obtienen sus ingresos de contratos temporales, las garantías laborales no son más que un cuento de hadas.

Por ejemplo, en España, los medios de comunicación han alertado sobre la explotación laboral que sufren los españoles en otras naciones europeas por causa de los ‘contratos de cero horas’. Dos artículos dan cuenta de ello: “El peligro de trabajar en Holanda: ¿cómo explotan las empresas la mano de obra española?” —publicado en mayo de 2017 en El Economista— y “Los contratos ‘cero horas’ o ‘negativos’ atrapan a los españoles en Holanda” —publicado en junio de 2019 en Ideal—.

Por otra parte, en referencia a la economía falsamente colaborativa del nuevo mundo laboral, Ken Loach ­­—director de la película “Sorry We Missed You”— en una entrevista con The Guardian afirmó que “es una forma de explotación tal, que sería muy difícil para la Corte Suprema diferenciar entre esta y otras formas de esclavitud moderna”.

Ante la gravedad de la situación, en 2018, en su informe Zero-Hours Work in the United Kingdom —publicado por la OIT—, Abi Adams y Jeremias Prassl concluyeron que “la ausencia de horas garantizadas puede verse, en un sentido, como la antítesis misma de un conjunto mutuo de compromisos entre el empleado y el empleador”.

Además, en su informe, Adams y Prassl exhortaron a la creación de estrategias para evitar el abuso del poder administrativo en este género de contratos laborales.

Aunque, para las empresas los ‘contratos de cero horas’ suponen una fuente de mano de obra formidable, las historias de los empleados tras estas formas de vinculación laboral y las recomendaciones de los organismos internacionales llevan a un interrogante: en realidad, ¿la solución para la disminución del desempleo reside en estas polémicas figuras legales?


Acto final. La contratación por horas, ¿la clave para la reducción del desempleo?

Hoy, los zero-hour contracts son figuras legales en algunas naciones europeas. Sin embargo, pese a las bajísimas tasas de desempleo que se registran en las naciones en donde son permitidas, como Reino Unido y Noruega, en la mayoría de los casos la precariedad laboral es el sello característico de este género de contratos.

Si bien, los zero-hour contracts han tenido éxito a la hora de disminuir las tasas de desempleo, quizá, en un futuro próximo, las consecuencias de ellos serán un problema más.

Aunque hoy, dados los retos en materia de empleo, los ‘contratos de cero horas’ lucen como una forma de contratación tentadora para la reducción de la desbordada informalidad y la disminución de la mayúscula tasa de desempleo juvenil, el Ministerio de Trabajo no debe olvidar que el Estado debe ser un baluarte de las garantías laborales.

Finalmente, lo anterior, suscita un interrogante: si en Reino Unido y en Holanda, los ‘contratos de cero horas’ han dado paso a una estela de abusos en lo referente a las garantías laborales, ¿por qué en Colombia se quiere dar paso a una figura legal similar?