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Negocios

Las tiendas de barrio: ¿los negocios “imbatibles” en Colombia?

Por Redacción Habemus

Publicada el 2 de septiembre de 2019.

Cerca de nuestra casa, en un minúsculo garaje, don Leo tiene una tienda. Más adelante, en otro pequeño espacio, los Mendoza tienen su frutería. Son pequeños negocios familiares, en los que don Leo y los Mendoza comercializan verduras, frutas y víveres. Ambos propietarios, en una de sus alacenas, guardan un viejo cuaderno cuadriculado, en el que con minucia registran lo que les adeudan. En estos lugares, cualquier vecino del barrio puede fiar ahuyamas, arepas, panela… —sin requerir un superlativo puntaje crediticio—.

Allí, la única condición que se impone a los clientes es un compromiso verbal, en el que el comprador asegura que pagará en pocos días lo que adeuda.

Pero, ¿por qué la compañía Jerónimo Martins SGPS y el Grupo Santo Domingo han tenido interés en las tiendas de barrio?

¿Por qué la compañía Jerónimo Martins SGPS y el Grupo Santo Domingo han tenido interés en las tiendas de barrio?

Tras su humilde fachada, en Colombia, estos establecimientos de comercio han sido objeto de numerosos análisis. En palabras de la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO): son una fuerza económica.

En 2014, en su tesis de grado Tienda de barrio. La mejor forma de posicionarse en el mercado colombiano, Ana María Rojas Estrada citó un aparte de un artículo de la revista Dinero, en el que la redacción de este medio afirmó: “Las tiendas de barrio no solo sobrevivieron a la enorme inversión que significó la primera ola de expansión de los hipermercados, que empezó en 1990 con la entrada del Éxito en Bogotá, y siguió en 1995 con la llegada de Makro, y en 1998 con la de Carrefour”.

Hace poco, en agosto de 2019, a propósito del Día Nacional del Tendero, FENALCO ratificó a las tiendas de barrio como imbatibles e indicó que, a pesar del crecimiento de las cadenas de supermercados, son aún el más importante canal de distribución de los productos de consumo masivo.

En cifras, según un estudio de la compañía de datos Kantar Worldpanel Colombia, en 2018 por cada $10.000 que gastó un colombiano, $3.282 fueron destinados a las tiendas de barrio.

Esta actitud del consumidor colombiano fue la que, seguramente, en 2013 atrajo la atención de la compañía portuguesa Jerónimo Martins —propietaria dePingo Doce, cadena portuguesa de supermercados e hipermercados—, que inició un plan de inversión de 2.200 millones de euros en Colombia, en la cadena de tiendas ARA, un competidor directo de las tiendas de barrio.

Por otra parte, dos años después, en 2015, Valorem S.A. —que hasta 1997 fue Valores Bavaria— compró el 30% de KOBA, empresa propietaria de las tiendas D1. Con ello, el Grupo Santo Domingo logró una participación del 59,75% en esta cadena de almacenes. Lo que fue otra gran estocada contra las tiendas de barrio.

Sin embargo, para muchos, la sorpresa es que, ante la alta suma de las transacciones financieras, las tiendas de barrio lideren —aún— la participación en el mercado colombiano como el más importante canal de distribución de los productos de consumo masivo. Pero, ¿por qué?

Según Kantar Worldpanel Colombia, hay dos claves para entender la predilección de los consumidores colombianos por las tiendas de barrio: la proximidad y la facilidad para efectuar una compra. Pero, según nuestro criterio, quizá hay dos más: el crédito personal y la posibilidad de efectuar compras en pequeñas cantidades.

Según Kantar Worldpanel Colombia, hay dos claves para entender la predilección de los consumidores colombianos por las tiendas de barrio: la proximidad y la facilidad para efectuar una compra.

En agosto de 2012, según informó Caracol Radio, Gisela Mendoza —quien fue gerente del evento del Día Nacional de Tendero de FENALCO— calificó la tienda de barrio como “un aliado estratégico para los hogares colombianos”. Pese a ello, en el artículo “Tiendas de barrio resisten al coletazo de los ‘discounters’” —publicado en agosto de 2018 en Portafolio— el diario económico señaló que a mediados de 2018 “se registró el cierre del 5% de las tiendas tradicionales que estaban abiertas a finales del 2017”, lo que significó la liquidación de 11.000 establecimientos.

Con este cierre masivo, los “discounters” ponen en jaque la subsistencia de miles de familias, una cuestión que nos conduce a formular una pregunta: ¿Como consumidores, apoyamos el tejido microempresarial en el país?