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Opinion

El fantasma de la Crisis Energética de 1992

Por Habemus

Publicado el 14 de Febrero de 2020.

Aunque, por fortuna, la temporada seca no ha tenido las proporciones devastadoras de la Crisis Energética de 1992, las memorias de los racionamientos, nos condujeron a una pregunta: ¿la matriz energética de Colombia se ha diversificado —lo suficiente— para hacer frente a un evento climático de igual magnitud?

Hoy en Colombia, tras el arribo de la temporada seca, las temperaturas altas provocan malestares, los paisajes han palidecido y la escasez de agua toca la puerta de decenas de municipios.

En efecto, hace poco, el jefe del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, Jonathan Malagón González, afirmó que la ola de calor que ha vivido la nación ha afectado ya a 32 municipios. De ellos, seis en Córdoba, cinco en Boyacá y Cesar, y tres en Antioquia.

Además, en estos días, los medios de comunicación han publicado noticias sobre incendios forestales en páramos, una cuestión de suma gravedad pues estos ecosistemas estratégicos son los reservorios de la riqueza hídrica colombiana. Hoy, el país lamenta el impacto de las llamas en el Páramo de Sumapaz, que la semana pasada afectó más de 2.000 hectáreas.

Y, es precisamente en estos momentos de sequía cuando, en ocasiones, en Colombia regresa a la memoria el fantasma de la crisis energética de 1992.

En aquel entonces, en la presidencia de César Gaviria Trujillo, un fenómeno de El Niño precipitó una escasez de agua sin precedentes que condujo a un férreo racionamiento eléctrico. Así, en 1992, los relojes se adelantaron una hora para aprovechar la luz solar, en la televisión, el Gobierno nacional pagó campañas para el ahorro de agua y en las noches los colombianos sufrieron por cuenta de innumerables apagones.

Finalmente, tras nueve meses de racionamiento, los apagones terminaron. Sin embargo, en el artículo “¿Qué va a hacer Colombia para evitar apagón energético?” —publicado el 10 de febrero de 2020 en la revista Dinero—, la Redacción de Dinero afirmó que la crisis energética de 1992 “le costó al país cerca de 2,5% del PIB de esa época, hoy más de $20 billones”.


También, lea el artículo: ¿Cuál es la apuesta de Colombia por las energías renovables?


A raíz de aquella crisis, la legislación colombiana en materia energética cambió y el Congreso de la República de Colombia expidió la Ley 143 de 1994, “por la cual se estableció el régimen para la generación, interconexión, transmisión, distribución y comercialización de electricidad en el territorio nacional, se conceden unas autorizaciones y se dictan otras disposiciones en materia energética”.

Hoy, por fortuna, la sequía no ha alcanzado las proporciones devastadoras del verano de 1992. No obstante, las memorias de los racionamientos conducen a una pregunta: ¿la matriz energética de Colombia se ha diversificado —lo suficiente— para hacer frente a una situación de igual magnitud como la ocurrida en 1992?

En 2017, Simón Cortés y Adriana Arango Londoño, en su artículo científico “Energías renovables en Colombia: una aproximación desde la economía” —publicado en la Revista Ciencias Estratégicas—, señalaron que el sistema energético colombiano es confiable y respetuoso con el medio ambiente, tal y como lo señaló el estudio de competitividad global Choiseul Energy Index 2012 , realizado por el Instituto Choiseul en colaboración con Kpmg.

No obstante, pese al alto desempeño del país en el Choiseul Energy Index, Colombia tiene alta dependencia de sus recursos hídricos. Ello supone un problema, pues en veranos intensos el sistema energético del país está en riesgo, ya que la energía hidráulica es insuficiente para satisfacer la demanda en temporadas de sequía.

Además, en 2017, en la investigación “Energías renovables variables y su contribución a la seguridad energética: Complementariedad en Colombia” —publicada por el Banco Interamericano de Desarrollo—, los autores Juan Roberto Paredes y John J. Ramírez indicaron tres factores por los que Colombia debería incentivar la generación eléctrica a partir de energías renovables: la fragilidad ante el fenómeno de El Niño, la escasez de gas natural y la vulnerabilidad ante el cambio climático.

Pero, además de la seguridad energética, está la hídrica. Ya, en 2001 en su “Estudio Nacional del Agua”, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) anticipó que en Colombia, en los próximos años, de continuar las tendencias de deforestación y la ausencia casi total de tratamiento de aguas residuales, la oferta de agua dulce disminuirá.

Además, entre las conclusiones de la investigación, el IDEAM señaló que, “de no tomarse medidas de conservación y de manejo adecuadas, para 2015 y 2025 respectivamente, entre el 66% y el 69% de los colombianos podrían estar en riesgo alto de desabastecimiento en condiciones hidrológicas secas”.

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Este gráfico representa el Índice de Vulnerabilidad Hídrica al Desabastecimiento para Condiciones Hidrológicas Secas. En esta figura — extraída del «Estudio Nacional de Agua 2018″— , las zonas en rojo y en naranja, según el IDEAM, representan las áreas más vulnerables a la escasez de agua en temporada seca.

Así, hoy, los fantasmas del desabastecimiento de agua y los racionamientos energéticos tienen en vilo a los colombianos.

De no tomarse medidas de conservación y de manejo adecuadas, para 2015 y 2025 respectivamente, entre el 66% y el 69% de los colombianos podrían estar en riesgo alto de desabastecimiento en condiciones hidrológicas secas

Fragmento extraído del «Estudio Nacional del Agua».

Finalmente, quedan un par de preguntas: ¿el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ha trazado estrategias efectivas de protección de las cuencas hídricas y conservación de los ecosistemas estratégicos para garantizar la oferta de agua en periodos de variabilidad climática? Además, en materia de infraestructura, ¿el Ministerio de Minas y Energía ha invertido lo suficiente en el desarrollo de energías renovables no convencionales para garantizar la seguridad energética?