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Opinion

¿Caminamos hacia una era de vigilancia a través de los datos?

Por Habemus

Publicado el 20 de Mayo de 2020.

Hoy, en Occidente, ¿la covid-19 se transformará en la excusa para que los usuarios entreguemos voluntariamente tanto a las centrales de inteligencia como a los titanes tecnológicosla privacidad que aún nos queda? El capitalismo de vigilancia sigue al acecho.

Hace un par de meses, en una conversación con Patricia, la mujer nos narró una curiosa anécdota sobre un conjunto de anuncios publicitarios que le aparecieron en YouTube —en este caso, de comida para gatos—. Lo extraño de esta historia es que la publicidad apareció sin que ella hubiese digitado el término en un motor de búsqueda —como Google—: emergió después de una conversación sobre el tema, que tuvo con una amiga. Ante la situación, Patricia se preguntó: ¿acaso Google intercepta los micrófonos de los smartphones?

Por supuesto, esa inquietud no es nueva.

Ya, desde hace algunos años, la vigilancia a través de los dispositivos tecnológicos es tan evidente que, en la web, las pruebas de espionaje son —prácticamente— innumerables.

El fenómeno es tan común que, en uno de sus libros, Shoshana Zuboff —PhD en Psicología Social de la Universidad de Harvard— lo bautizó como “Capitalismo de vigilancia”. Pero ¿qué significa eso? Con esa expresión, Zuboff se refirió a la capacidad de grandes empresas tecnológicas, en particular Facebook y Google, de monitorear, predecir y manipular nuestro comportamiento por medio de la Inteligencia Artificial (IA) y el uso de datos masivos (Big Data).


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Así, lo que comenzó como una herramienta para caracterizar los datos demográficos, los intereses y los segmentos de mercado de las audiencias de una web, pronto se oscureció y ahora es —según la autora— una amenaza para la libertad y la democracia. De hecho, en la entrevista «Shoshana Zuboff: ‘El capitalismo de vigilancia es un asalto a la autonomía humana’» —publicada en el diario británico The Guardian—, la académica exhortó a la humanidad a despertar y a luchar por un futuro digital diferente.

Sin embargo, en medio de la actual pandemia, las discusiones sobre la vigilancia a través de la tecnología han adquirido matices aún más sombríos.

Para nuestra sorpresa, en su artículo “Los límites del capitalismo de vigilancia” —publicado el pasado 8 de abril en el diario El País de España—, Andrés Ortega, José Balsa-Barreiro y Manuel Cebrián coquetearon con la idea de un monitoreo a través de la tecnología y afirmaron que “La prioridad es ahora resolver el embate del virus y hacerlo retroceder. Algunos creen ver el ocaso de la democracia liberal occidental (aunque hay otra oriental, como demuestran los casos de Japón, Taiwán o Corea del Sur) con el fin de nuestra privacidad individual”.

En ese artículo, los autores ofrecieron una visión romántica de las nuevas tecnologías: un sistema cooperativo —basado en la inteligencia colectiva— al servicio de la epidemiología y de la lucha contra la covid-19.

Sin embargo, en el pasado, muchas tecnologías se han envilecido cuando el dinero y el poder están en medio, en especial cuando ofrecen la posibilidad de manipular los patrones de comportamiento. Un asunto cuestionable, como el ocurrido con el caso emblemático Cambridge Analytica.

De hecho, en la entrevista antes citada, Zuboff ofreció una perspectiva atípica de la revolución digital. Allí, la autora señaló cómo las primeras perspectivas utópicas de la web se oscurecieron en “una mutación deshonesta del capitalismo marcada por unas concentraciones de riqueza, de conocimiento y de poder sin precedentes en la historia humana”.

Sin embargo, en el pasado, muchas tecnologías se han envilecido cuando el dinero y el poder están en medio, en especial cuando ofrecen la posibilidad de manipular los patrones de comportamiento.

Para justificar su tesis, Zuboff expuso el caso de dos compañías norteamericanas. Comenta que, en 2004, Google admitió que escaneó la correspondencia privada de sus usuarios en busca de información personal. También, en aquel año, Mark Zuckerberg fundó Facebook, con un modelo de negocio igualmente basado en la captura y el acceso a información personal. La metáfora que usó Zuboff es la de una conquista: “Con tan poco que pudiera ser mercantilizado, el último territorio virgen fue la experiencia humana privada”. En 1986, el 1% de la información mundial se digitalizó. En 2013, el 98%.

Así, hoy, las perspectivas para la protección de la privacidad son poco alentadoras.

Por ejemplo, recientemente, Francia hizo una curiosa petición a dos titanes tecnológicos. De ello da cuenta Jordi Pérez Colomé en su artículo “Francia pide a Apple y a Google que limiten la privacidad de los usuarios para crear su ‘app’ de rastreo” —publicado el pasado 23 de abril en el diario español El País—. Allí, Pérez señaló: “Una app de rastreo de contagios parece una parte esencial de la vuelta a una aparente vida normal para la mayoría de los países”. Y, luego añadió: “Apple y Google pusieron hace dos semanas su tecnología al servicio de un protocolo descentralizado. El ministro de políticas digitales de Francia, Cédric O, ha dicho esta semana que ese sistema es insuficiente porque protege demasiado la privacidad de los ciudadanos”.

Con tan poco que pudiera ser mercantilizado, el último territorio virgen fue la experiencia humana privada. En 1986, el 1% de la información mundial se digitalizó. En 2013, el 98%.

Fragmento extraído de la entrevista , publicada en el diario británico The Guardian.

Ya, desde 2019, Zuboff advirtió sobre los peligros de este capitalismo de vigilancia: ¿qué pasará si en lugar de la modificación del comportamiento para fines comerciales, los fines se vuelven políticos? ¿Votar en lugar de comprar?, se preguntó. Y afirmó: “La democracia está en juego en el Reino Unido, Estados Unidos y muchos otros países. No en pequeña medida debido a las operaciones de vigilancia del capitalismo”.

Hoy, las regulaciones legales son uno de los grandes temores de las empresas tecnológicas. Pero ¿qué pasará si los gobiernos siguen presionando para derribar las escasas victorias que los internautas hemos logrado en materia de protección de datos? Por otra parte, si en Occidente se ponen en marcha las apps de rastreo, ¿qué garantías tendrán los ciudadanos de que aquellos “sistemas cooperativos de monitoreo” serán respetuosos de las libertades individuales y de que serán de uso temporal?