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Opinion

Covid-19: La vida humana y la economía

Por Habemus

Publicado el 04 de Abril de 2020.

Ante las polémicas afirmaciones del político Dan Patrick en referencia al Covid-19, y la discusión sobre la cuarentena y la economía norteamericana, la redacción de Habemus se preguntó: ¿Acaso, hoy, la economía es más importante que la vida humana?

Hace poco, ante la escalada del Covid-19, una ola de indignación se alzó en Estados Unidos (EE. UU.) cuando, en una entrevista con Fox News, Dan Patrick —vicegobernador de Texas— pronunció una polémica frase: las personas mayores deberían estar dispuestas a sacrificarse por el futuro de EE. UU.

“¿Y qué pasa con los que morirán, especialmente las personas mayores?”, le preguntó el periodista Tucker Carlson. Y Patrick respondió: “los que tenemos 70 años o más, nos cuidaremos nosotros mismos. Pero no sacrifiquemos al país”.

Finalmente, con su ejemplo, Patrick instó a los adultos mayores a sacrificarse por la economía. Pero, ¿de verdad, el político estadounidense estaría dispuesto a hacer tal cosa?

Pese a la polémica, la discusión no es nueva. De hecho, la frase de Patrick hace parte de una avalancha de afirmaciones que, en las últimas décadas, se han ventilado —con discreción— desde las cúpulas políticas y económicas y, también, desde los organismos internacionales.

Al respecto, una de las más recordadas fue la de Christine Lagarde —exdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI)— que en 2012, en una de las cumbres semestrales del FMI, se refirió al “riesgo de que la gente viva más de lo esperado”.

Pero, Lagarde no es la única líder económica en emprender una cruzada contra este “peligro”.

De hecho, el “riesgo de longevidad” es un concepto cada vez más común en artículos económicos. En efecto, en su artículo «El FMI pide bajar pensiones por ‘el riesgo de que la gente viva más de lo esperado’» —publicado en abril de 2012 en El País de España—, el periodista Sandro Pozzi reseñó una afirmación del FMI: «‘Si el promedio de vida aumenta tres años más de lo previsto para 2050, el coste del envejecimiento —que ya es enorme para los Gobiernos, las empresas, las aseguradoras y los particulares— aumentaría un 50%’ en las economías avanzadas tomando como referencia el PIB de 2010».


También, lea el artículo: «La incertidumbre, ¿la culpable de la desaceleración del crecimiento económico?».


Por otra parte, en su artículo “Los costos de la tercera edad” —publicado en septiembre de 2006 en Finanzas & Desarrollo—, John Bryant y Audrey Sonerson señalaron que “una persona de 65 años o mayor le cuesta al sistema de salud pública de Nueva Zelandia cinco veces más que una menor de 65”. Sin embargo, Bryant y Sonerson concluyeron que con las mejoras de salud es posible “compensar alrededor de un tercio de los costos adicionales de atención de salud que impone el envejecimiento de la población”.

Hoy, por cuenta del Covid-19, EE. UU. está pagando el precio por privilegiar la economía sobre la vida. En esta nación, ya el número de contagiados superó los 200.000, la estela de muerte sigue en aumento, y no hay garantía de que su mercado bursátil se recupere o de que su economía no entre en crisis.

Lo anterior, suscita un conjunto de preguntas: ¿Acaso, la economía es más importante que la vida humana? ¿El crecimiento económico en las últimas décadas ha sido fructífero en la superación de retos como la reducción de la pobreza, la disminución del hambre, la equidad y el acceso universal a los sistemas de salud? ¿Acaso, la vida humana debe ser menguada por las leyes del mercado y la productividad? Y, por último, ¿en un futuro, el concepto de “riesgo de la longevidad” abrirá paso a políticas públicas o leyes que pongan en jaque el acceso a la salud de los adultos mayores?