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Opinion

El dogmatismo, ¿una barrera para la mutua tolerancia?

Por Habemus

Publicado el 27 de noviembre de 2019.

En los últimos días, en Colombia, las redes sociales han sido el escenario de una batalla campal entre los simpatizantes y los detractores de las protestas sociales. Con frecuencia, una frase de Winston Churchill o una infografía del sociólogo Stanley Cohen se transforman en ocasión propicia para ejercer la violencia verbal.

Sin embargo, no es la primera vez que la escena social colombiana es presa de tales tensiones. En efecto, quizá, uno de los sellos característicos de la historia política colombiana es la disputa entre polaridades, al parecer irreconciliables.

Pero, ¿a qué se debe esa incapacidad para lograr consensos?

Para dilucidar la raíz de esos escollos que imposibilitan una sana convivencia, encontramos claves en las obras que nos legó uno de los filósofos más influyentes del siglo XX: el británico Bertrand Russell —ganador en 1950 del Premio Nobel de Literatura—.

En efecto, en su artículo científico “La pedagogía de Bertrand Russell” —publicado en 2012 en la revista Letral—, la filóloga y docente cubana Diana María Ivizate González hace un análisis sobre las ideas de este filósofo en torno a la educación.

En aquel texto, la autora reflexiona sobre el pensamiento de Russell en materia pedagógica. Por ejemplo, en la obra Sobre educación, el filósofo británico escribió un par de líneas sobre una cuestión que, hoy, es de capital importancia: “la misión de la educación primera consiste en educar los instintos de modo que puedan producir un carácter constructivo y no destructivo”.

Además, la obra de Russell se ocupa de cuestiones que van más allá de la educación del carácter. Por ejemplo, en el texto “Filosofía para legos”, que hace parte de su libro Ensayos impopulares, Russell se refirió a uno de los archienemigos de la paz: el dogmatismo.

En palabras de Russell, el dogmatismo es la certidumbre excesiva en creencias absolutas —políticas, religiosas o científicas—.

Pero, ¿por qué, en ocasiones, las interpretaciones, las posiciones o los enfoques dogmáticos pueden llegar a ser tóxicos?

En “Filosofía para legos”, en pocas líneas, Russell ofrece una elocuente e irónica respuesta al anterior interrogante: “«Liquidemos a los capitalistas, y los supervivientes gozarán de felicidad eterna». «Exterminemos a los judíos, y todos serán virtuosos». «Matemos a los croatas, y que reinen los serbios». «Matemos a los serbios, y que reinen los croatas». Estos son ejemplos de los lemas que han conquistado amplia aceptación en nuestro tiempo. Incluso una pizca de filosofía haría imposible la aceptación de tan sangrientas bobadas”.

Hoy al igual que ayer, la excesiva certeza en ideologías políticas o en filosofías absolutas es un obstáculo para la mutua tolerancia, la escucha y el diálogo constructivo.

En estos tiempos, muchos dirigentes políticos, líderes de opinión e influencers que guardan cierta credibilidad, se resguardan en las trincheras de las redes sociales y de sus certidumbres para lanzar vituperios.

Finalmente, se siembra un interrogante: ¿Será posible construir la mutua tolerancia a través de un dogmatismo sin freno?