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Opinion

El fracking: la manzana de la discordia

Por Habemus

Publicada el 2 de septiembre de 2019.

Hace poco, la Sección Tercera del Consejo de Estado prolongó, por unos días más, la decisión de levantar o mantener la medida cautelar sobre la normativa técnica del fracking. Ante la noticia, en Colombia las redes sociales se inundaron de mensajes y los cibernautas protestaron con el hashtag #NoPermitanElFracking.

Sin embargo, en las altas esferas, no hay pocas voces a favor del fracturamiento hidráulico. En agosto de 2019, en su artículo de opinión “Vaca Muerta, una lección para Colombia” —publicado en Portafolio—, Francisco José Lloreda Mera —presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP)— citó el caso de Fortín de Piedra, en Argentina, un yacimiento que le ha dado al país austral gigantescas reservas de petróleo. Por el contrario, en lo referente al fracking, según Lloreda, Colombia “continúa dilatando la decisión, presa de la desinformación y la falta de voluntad”.

Además, el presidente de la ACP afirmó que el fracking es “una técnica conocida de extracción de petróleo y gas, con riesgos mínimos, identificados y prevenibles”. Pero, ¿es eso cierto?

Desde hace algunos meses, en Estados Unidos algunos medios de comunicación plantean espinosos cuestionamientos sobre el fracturamiento hidráulico.

Uno de ellos fue presentado en el artículo Fracking may be a bigger climate problem than we thought —publicado en agosto de 2019 en Vox—. En este texto, David Roberts expuso algunas hipótesis científicas que sugieren una posible correlación entre el fracking y el súbito aumento de metano. Además, en su artículo The Methane Detectives: On the Trail of a Global Warming Mystery —publicado en mayo de 2019 en Undark—, Jonathan Mingle explicó la base científica de estas hipótesis que se basan en un cambio abrupto en el aumento de metano que comenzó alrededor de 2007.

En respuesta al interrogante sobre el aumento de metano, Mingle afirmó que solo hay tres elementos que “son lo suficientemente grandes como para ser culpables: las emisiones microbianas (del ganado, la agricultura y los humedales); emisiones de combustibles fósiles; y el proceso químico por el cual el metano se elimina de la atmósfera”.

Sin embargo, entre la comunidad científica el fracturamiento hidráulico también es una manzana de la discordia.

Según Mingle: “Algunos investigadores, como Robert Howarth [profesor de Ecología y Biología Ambiental en la Universidad de Cornell], siguen convencidos de que las emisiones fugitivas de la producción de petróleo y gas, especialmente el fracking, se subestiman sistemáticamente y es probable que estén detrás del pico global. ‘Es una narrativa convincente’, dice Pep Canadell, director ejecutivo del Proyecto Global de Carbono, ‘pero la comunidad en general no apoya esa opinión’”.

Por otra parte, en un tercer artículo, China Experiences a Fracking Boom, and All the Problems That Go With It —publicado en marzo de 2019 en The New York Times—, Steven Lee Myers documentó la furia pública que se desbordó inesperadamente entre los Gaoshan —etnia minoritaria taiwanesa— ante la percepción de una relación entre el fracking y el aumento de la sismicidad.

Aunque los defensores del fracturamiento hidráulico sostienen que no hay suficiente evidencia científica que muestre una relación directa entre el fracking, el incremento de los temblores y el aumento en las emisiones de metano, hay que decir que la ciencia no la ha descartado aún.

De hecho, en el texto científicoFault activation by hydraulic fracturing in western Canada —publicado en diciembre de 2016 en la revista Science—, los investigadores Xuewei Bao y David W. Eaton concluyeron que los terremotos en Fox Creek (Canadá) fueron inducidos por la acción humana de dos maneras: la primera, por el aumento de la presión a medida que ocurría el fracking y, la segunda, un tiempo después de que el proceso se completara, por cambios provocados por la persistente presencia del líquido empleado para el fracturamiento hidráulico.

Aunque en términos económicos el fracking luce como una opción rápida para aumentar las exportaciones, los posibles riesgos medioambientales suscitan una pregunta: ¿El fracturamiento hidráulico es el camino idóneo para incrementar la seguridad energética y para acelerar el crecimiento económico?