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Opinion

La mutua tolerancia y la garantía de las libertades, el camino a seguir

Por Habemus

Publicado el 20 de Noviembre de 2019.

En agosto de 2019, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló una cifra alarmante: en julio la tasa de desempleo alcanzó el 10,7%. Lo que significa un aumento de un 1% con respecto al mismo periodo de 2018.

En aquel entonces, el crecimiento del desempleo generó descontento en los colombianos ante las políticas del Gobierno Nacional frente al tema. Posteriormente, en octubre, otro dato divulgado por el DANE acrecentó la inconformidad: en el tercer trimestre de 2019 la informalidad llegó a la cifra de 46,9%. Aunque, con respecto al mismo periodo de 2018, esta cifra evidencia un leve descenso en la tasa nacional de informalidad, se esperaba una disminución más importante en este problema que acrecienta la desigualdad y la pobreza.

Pero, aquello no fue todo. Tras el malestar por el crecimiento del desempleo y el leve descenso de la informalidad, el descontento encontró su cenit tras una controversial propuesta de Sergio Clavijo Vergara —presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF)—, en la que le pidió al Gobierno que activara, mediante un decreto, un sistema de contratación para jóvenes menores de 25 años, en el que ellos tendrían un salario diferencial que, para este caso, sería el 75% de un salario mínimo.

Así, inicialmente, el disgusto popular ante la precarización laboral fue la causa que condujo a convocar un paro nacional el 21 de noviembre del presente año. Pero, tras un sinnúmero de coyunturas —políticas, sociales y económicas—, un amplio abanico de sectores se adhirió a la convocatoria, entre ellos: los activistas medioambientales, los líderes sociales, los estudiantes, la rama judicial, los indígenas y los empleados del sector de la salud.

Sin duda, las banderas del paro nacional conciernen a una mayúscula fracción de la población: las reformas laboral, pensional y tributaria, el cumplimiento de los acuerdos de paz y la sobretasa para la energía eléctrica.

Sin embargo, durante las últimas semanas, las redes sociales han sido el escenario de una batalla campal entre alentadores y contradictores del paro nacional. Este hecho nos suscita una pregunta: ¿Por qué la protesta, como una expresión de la libertad, ha sido la génesis de tales disputas?

Tristemente, al parecer, la imposición de las propias ideas está codificada en el ADN de una mayúscula fracción de la población colombiana.

Hoy, la intolerancia y el matoneo político son el pan de cada día, aun para aquellos que han optado abiertamente por la protesta pacífica y la resistencia no violenta.

En estos tiempos difíciles, extremos y agitados, la mutua tolerancia y la garantía de las libertades son el camino a seguir. Lo anterior, conduce a formular una pregunta: ¿Será posible construir la legalidad, la paz y la equidad a través de la intolerancia, la estigmatización, la represión y la violencia?