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Opinion

La otra Colombia, las escalofriantes historias que citó el informe de Human Rights Watch

Por Habemus

Publicado el 31 de Enero de 2020.

La semana pasada, la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) publicó el informe “Los guerrilleros son la policía’: Control social y graves abusos por parte de grupos armados en el departamento colombiano de Arauca y el estado venezolano de Apure”. En este texto —elaborado con base en un centenar de entrevistas—, HRW relató —sin ahondar en detalles— cómo los grupos armados no estatales han impuesto en esas regiones un yugo de hierro sobre la población civil.

Entre las escalofriantes historias —abordadas por HRW—, y que fue una de las más divulgadas por los medios de comunicación, está la de Mauricio Lezama, un cineasta que laboraba en Arauca, y realizaba allí la grabación de un audiovisual sobre las víctimas del conflicto armado.

Mauricio, mientras trabaja en su producción artística, sufrió un atentado que acabó con su vida. Una tarde, en una pausa de su labor, mientras bebía un refresco en La Esmeralda (un caluroso caserío de no más de tres calles, ubicado a 20 minutos de Arauquita, en Arauca), recibió un balazo propinado por un sicario que se transportaba en una motocicleta.

Pero, el caso de Mauricio es solo uno entre las centenares de historias que registró HRW.

Así, el texto de HRW dejó al desnudo cómo la casi nula presencia estatal ha dado paso a una estela de crímenes de guerra, que van desde el reclutamiento infantil forzado hasta el secuestro y los asesinatos.

De Arauca, además, HRW señaló la escasa presencia policial en las áreas rurales, y que el Ejército Nacional de Colombia se concentra en salvaguardar la infraestructura petrolera en lugar de la población civil.

También, en el texto, HRW relató la historia de dos jovencitas que, tras bajar de un autobús para ir a su escuela, en una zona rural de Arauca, fueron abordadas por miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), quienes las persuadieron para ingresar al grupo armado.

Poco después de la partida de las estudiantes, la madre de una de ellas, en compañía de un líder comunitario, fue en busca del comandante guerrillero para que le permitiera regresar a casa a su hija. Por fortuna, en aquella ocasión, la petición de la mujer fue concedida.

Hoy, Arauca es una fuente de trágicos relatos. Allí, pululan las historias sobre los campos de trabajo forzado, los casos de violencia sexual y la exacerbada xenofobia.

Así, el informe de HRW da cuenta de la otra Colombia, la que está lejos de la bulla de las ciudades y de las polémicas de los tuiteros. En ella, las comunidades rurales se encuentran en medio de un sinnúmero de dramas por cuenta de las imposiciones de los grupos armados ilegales y la insuficiente presencia estatal.

Hoy, Arauca es una fuente de trágicos relatos. Allí, pululan las historias sobre los campos de trabajo forzado, los casos de violencia sexual y la exacerbada xenofobia.

Entonces, ante la escalada de violencia en las zonas rurales de Arauca, ¿qué hará el Gobierno nacional y la comunidad internacional para brindar una solución a la población civil que sufre vulneraciones de sus derechos humanos?

Aunque la respuesta todavía es incierta, HRW formuló, al final de informe, un conjunto de recomendaciones para el gobierno de Iván Duque Márquez, la Fiscalía General de la Nación y la Organización de las Naciones Unidas.

Entre el conjunto de sugerencias formuladas por HRW están: la ejecución de un plan para la remoción de las minas antipersona, la formulación de una política pública que permita a los miembros de los grupos disidentes de las FARC desmovilizarse y sumarse a los programas de reinserción individual, la implementación de una estrategia para la prevención del reclutamiento de menores y la expedición de una directriz para que la Policía Nacional de Colombia, en Arauca, proteja los ciudadanos colombianos y venezolanos.

Finalmente, queda un interrogante: en la coyuntura de violencia que afronta la nación, ¿hay voluntad política para poner en marcha las recomendaciones de Human Rights Watch?